Política cero

Diez sentadillas, 20 genuflexiones y ocho "abominables"

Si por diez sentadillas el gobierno del DF, en su incansable lucha a favor de la salud te obsequia un boleto del Metro, es muy probable que por el doble, más 15 genuflexiones y tres series de abominables te dejen conducir el convoy del Metro y hasta te dan chance de recorrer los oscuros túneles de la Línea 12, donde se escucha el lamento de Marchelo Ebrard gritando “¡Aaay, miiis, rieeeleeeleees!

Ya por el triple de eso, más dos horas de calistenia, te obsequian un salvoconducto para que en tu calidad de periodista puedas cruzar el estado de Veracruz sin que ningún grupúsculo delincuencial comandado por algún alcalde o funcionario que ha visto demasiadas películas de Tarantino te mande levantar o desaparecerte misteriosamente en ese bonito territorio donde ese Belisario Domínguez en ciernes, el gober Duarte, atinadamente gobierna.

Si te esfuerzas y le pones a eso una corridita de tres kilómetros, me parece que tendrías derecho a presenciar en primera fila el juicio oral donde Florence Cassez se enfrentará después de su demanda por 36 millones de pesos al humanista de Calderón, a García Luna Productions, Televisa, diez reporteros, Gil Zuarth y todo el gabinetillo ampliado de Jelipilllo por manchados y abusivos. Sin dudad será algo más emocionante que cualquier partido del América, Chivas y Cruz Azul ver cómo la francesa le aplica al ex presidente una terapia Charlie Hebdo.

Pobre hombre, ya sea aquí, Harvard, Caracas o París nomás me lo abuchean. Incluso más que a los jueces del Miss Universo que parecían que los consejeros electorales del INE, luego de haber preferido a Miss Estados Unidos que a la representante de Jamaica que era la favorita sentimental.

Luego luego se vio que ese Donald Trump, dueño del certamen, es tan democrático como la Femexfut que no quiere que Catémoc Blanco termine de acabar con Cuernavaca; sobre todo cuando le negó el triunfo a Miss Ucrania solo por tener un discurso anti ruso y a favor del ejército de su patria.

Como quiera que sea, ya si te sometes a una terapia atlética como para marines en éxtasis, las sentadillas de rigor, además de una sesión brava de lamesuelismo en el Senado, San Lázaro y varios más, ahí donde los pedigüeños y los oportunistas y zalameros que por costumbre traen las rodillas descarapeladas, te obsequian un viaje vetepé hasta Atenas para atestiguar cómo los griegos, luego de darle su voto a la izquierda radical, se van a enfrentar a Angela Merkel encarnada en Xerjes como el antiguo Leónidas y sus 300 e las Termópilas.

 

jairo.calixto@milenio.com

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