Política cero

Una rostizadita para Justin Bieber

Después de ver la rostizada que le pusieron a Justin Bieber en Comedy Central para el entretenimiento de las grandes masas, todo indica que un extraño fenómeno cuasi circense se apodera del mundo. El espectáculo fue de alto octanaje, pues incluso hasta Martha Stewart, que es como Marta Debayle de primer mundo, le dio unos tips para cuando lo agarren y termine en la cárcel como es fácil pronosticar. Y para rematar los cuestionamientos sobre su sexualidad llegaron a tal grado que me extraña que no hayan entrado los de la Conapred. Fue ahí cuando Jeff Ross le dijo al cantantillote, en el mejor estilo de Guerra de chistes que su ex novia, Selena Gómez, “iba a estar aquí pero ahora está saliendo con hombres”.

Pobre Justin, sí es más odioso que los spots del Partido Verde, pero hasta daba más lástima que Los Chuchos perredistas, pues me lo trataron peor que a Carmelita Salinas, Lagrimita, Sergio Mayer y Catémoc Blanco juntos. A esa lista ahora hay que agregar al Pato Zambrano con su notable elegancia desplegada en el primer Big Brother.

Comoquiera que sea, todo indica que lo de hoy en Estados Unidos —donde son muy dados al bullying a todos los niveles— es someterse al escarnio público para exorcizar los demonios de la política. Como que se llegó a lo conclusión de que la única manera en que un político puede resultar medianamente creíble en la expiación de algún pecado ya no es a través de un proceso judicial ni con un juicio político, orden de presentación ni nada de esas cosas aburridas, sino por medio de la exposición inclemente al ridículo. Si aguantas vara a una experiencia de esa magnitud, con un auténtico baño de oprobios, injurias, burlas y mentadas, es posible que te evites el infierno.

En ese sentido, después de pasearse por todos los programas de comedia nocturnos para entrarle a la terapia Pare de sufrir, Barack Obama se apersonó en el programa de Jimmy Kimmel con el muy sano fin de leer al aire un buen bonche de tuits donde le aplicaban el trolleo más bravo posible. Lo que le han espetado los republicanos y la fanaticada del Tea Party son lisonjas y panegíricos comparado con la mierda que le aventaron los tuiteros.

Quizá es el momento de que nuestros solemnes políticos, que para colmo se sienten Francis Underwood de petatiux (sí, claro, San Lazarito es House of Cards), le pierdan el miedo al ridículo y se sometan al escarnio de los baños de pueblo. Digo, de todas maneras ejercen involuntariamente creyendo que salvan a la patria.

Una rostizadita os hará libres.

 

jairo.calixto@milenio.com

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