Política cero

El que se resigna primero, se resigna dos veces

Esa resignación, que no me deja verte, debe caer en nombre del amor. Y es que que según ha dicho el papa en Michoacán, mientras Chiflano Aureoles quería que le hiciera el milagrito de la desaparición de las autodefensas y Jelipillo Calderón declaraba que las palabras del sumo pontífice aliviarán el dolor de la violencia (irónico, ¿no?), debe caer en nombre del amor porque ahí, agazapado en la maleza de la resignación, se esconde el diablo.

Esto es un poco desconcertante, porque si algo se nos ha inculcado desde los tiempos de la revolución institucionalizada es que la resignación es buena, pues no solo te abre la oportunidad para aspirar a los programas de Sedesol (y hasta te puedes tomar una foto con el subsecretario Ernesto Nemer, mientras le boleas los zapatos), sino que también te da una oportunidad inigualable para poner un pie en el paraíso. Sin embargo, una vez asimilada la mecánica del concepto y desprovisto de la brida de las “tentaciones de la resignación”, puedes aspirar a ser como la ex alcaldesa de Tabasco, la priista Elda Maria Llergo, que luego de hacer perdedizos 60 milloncitos, se donó a sí misma y a su familia algunos predios, porque no hay peor nepotismo que el que no se ejerce.

Esto de perderle la fe a la resignación es lo más revolucionario que ha dicho su santidad en estos días. Algunos dirán que la parábola de la suegras, o su mensaje sobre la familia donde no cupieron los aspectos Lgbttti que te metas Teté (no se fuera a enojar Manny Pacquiao, quien afirma con la Biblia en la mano que los homosexuales son peores que los animales), o su regaño con coscorrón incluido a los jerarcas de la Iglesia (te lo digo Pedro para que me entiendas Norbeto) y a los políticos (que ni buenas limosnas dejaron mientras que se colgaban cual beatas de la sotana de Bergoglio). O el discurso sobre el “echarle ganas” que, algunos jacobinos y exégetas quisieron confundirlo con el “hay que chingarle” del profeta Araiza, que es del manual de autoayuda de La Lega. No. Esta crítica de la resignación pura será el parteaguas, una catapulta para muchas cosas en México para que no terminemos como el Chapo Guzmán, sintiéndonos zombis por no tener una celda de lujo en Topo Chico infierno grande para poner sus pósters de La reina del sur.

Ya no podemos resignarnos a seguir echándonos a perder, como dice Vergara de los jugadores de Chivas, esperando a que todo lo resuelva el licenciado Peña y sus vicarios Videgaray y Osorio Chong. Por eso no entiendo que se critique a quienes supuestamente presionan para que el papa se reúna con los padres de los 43 de Ayotzinapa, cuando el mensaje es exactamente lo contrario.

El que se resigna primero, se resigna dos veces.


jairo.calixto@milenio.com

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