Política cero

¡Qué rejegos son los "peces gordos"!

Me subo al Metro con el temor de toparme con los dos secuestradores que se escaparon de una cárcel manceriana casi que con las mismas facilidades del Chapo en Puente Grande. Y es que como carezco de las habilidades schwarneggerescas de Alan Pulido y no tengo el pito de la justicia de don Miguel Ángel, me sentía más desvalido que de costumbre en los convoyes donde por lo regular te tortean conforme a derecho y bajo las normas del debido proceso, siempre al ritmo de reguetón.

Afortunadamente no pasó nada, más allá de los clásicos letargos procastinadores del tren, pero fue bonito que al salir en la estación Juárez aquello fuera literalmente un desmadre. Quizá sería bueno decirle a las autoridades que no anden inventando, que mejor permitan que los maestros armen su plantón en Bucareli frente a Gobernación para no generar el lío que ahora han armado en la zona Centro de la CdMx, convertida en un verdadero nudo gordiano-manceriano.

Antes, cuando las movilizaciones magisteriales recalaban frente al Palacio de Cobián (desde donde el insigne Osorio Chong asegura que en lo de Tetelcingo no hay nada que ocultar, salvo la acumulación originaria de desaparecidos que se estancan milagrosamente en narcofosas, claro), había cierto orden en el caos. Ahora, con las nuevas estrategias viales, ni Alan Pulido podría resolver el desmadre a karatazos.

Y todo mientras el Nuño Artillero finge demencia y acusa a los disidentes de jugar a los relevos australianos para no ser corridos. O sea. Se quejan de que los mairos disidentes raparon a sus disidentes (lo que es el fanatismo, ¿vedá?), pero por lo menos no amenazaron con decapitar a los traidores como el candidato PAN-PRD en Quintana Roo, Carlos Joaquín.

No sé qué está peor, si el caos vial o el caos electoral en Veracruz y Mataulipas, aunque en el Gobierno de la CdMx se agachan y se van de lado mientras defienden a capa y espada la rueda de la fortuna gigante que va a terminar en el Bordo del Xochiaca.

Por eso hay que valorar que un funcionario puede llegar a convertirse en fuente de luz y sabiduría. De ahí que tengamos que valorar que de pronto aparezca alguien de la estatura moral de Virgilio Andrade, heroico vizconde de la Casa Blanca y Malinalco, para que nos ilumine con un descubrimiento para perplejos y cazadores del hilo negro: atrapar peces gordos, que es, como diría Silvia Pinal en el clásico navideño El inocente, con Pedro Infante, dificilísimo. Qué bueno que lo aclara, porque la gente en su afán de vengativo sentido de la justicia, primero lincha y luego averigua. Y no, es un arduo trabajo de investigación que, por lo regular, no rinde frutos porque los peces gordos son escurridizos y astutos, peligrosos y temibles.

A lo mejor esos peces gordos necesitan un verdadero capitán Ahab.

jairo.calixto@milenio.com

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