Política cero

En este pueblo no hay corruptos

Aún después de la euforia desatada por la despedida de Catémoc Blanco en el Azteca, como si fuera El Niño Fidencio de un panbol mexicano desprovisto de héroes y figuras, se podía olfatear ese tufillo que precede al próximo linchamiento mediático y de redes sociales. Desde que la hija del Chapo Guzmán y sus abogados soltaron la especie de que el distinguido escapista, en venganza por todos aquellos que lo traicionaron, podría revelar los nombres de los políticos de altísimo nivel a los que apoyó y con los que mantuvo una bonita relación de negocios se desató la idea de que habría un gran aquelarre de ángeles caídos.

Y tristemente todo esto fue alimentado por los sospechosistas y resentidos que ya se relamían los bigotes quemando vivos a quienes, sin más pruebas que su nombre en una lista negra, vivirán señalamientos y lapidaciones. Tanto o más gachos que las que tuvo que experimentar el profe Moreira, que es el amo y señor de la probidad y el chúntaro style. Algo que también con entereza ha tenido que vivir también ese paladín de la justicia humanitaria y las cuentas claras, el tres veces H de La Parroquia, Javiercito Duarte.

Incluso dice ese dios de la verba echeverrista pero florida, Camacho Quiroz, que el Revolucionario Institucional ya está preparado para debatir (¿rebatir?) los señalamientos contra el próximo ex gobernador de Veracruz.

Pura gente buena, santa y pura que cae en las garras de gente malvada que disfrutaría viéndolos tras las rejas, y ni siquiera en la carcel Topo Chico, donde podrían tener el estilo de vida que se merecen.

Pero afortunadamente hay un dios que todo lo ve y todo lo juzga y ha favorecido a seres de luz como Don Catémoc Gutiérrez, amo y señor de los topo gigios, quien gracias al apoyo de sus compañeros de sector y de partido mantiene amablemente su jurisdicción paroterápica en el PRI de la Ciudad de México, cual debe.

O sea, ni que estuviéramos en Brasil, donde no hay respeto por los grandes próceres de la patria y hasta un ex presidente como Lula da Silva puede ser sacado a empujones de su casa.

Lo que tranquiliza casi a nivel de certeza jurídica es que en México no hay políticos corruptos —simplemente no está en sus escala de valores y mucho menos en su genética— y que por lo tanto nuestros hombres en el poder pueden dormir tranquilos, pues tienen las manos limpias y llevan la frente en alto.

Lo asegura el licenciado Peña, quien ha luchado con firmeza contra la impunidad: "Hay confianza en México y su futuro".


jairo.calixto@milenio.com
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