Política cero

¡Me pongo loco como mariguano!

Ante la histeria desatada entre los carnívoros del mundo que han sido sometidos a una terapia de choque por culpa de la Organización Mundial de la Salud, que afirma que los tacos de suaperro, los gordas de chicharrón (prensado) y demás expresiones de la vitamina T son cancerígenos, escuchamos la voz sensata, mesurada, científicamente avalada del ministro alemán de Alimentación, que ha dicho, sin ánimo de homenajear a Alfonso Zayas ni a Rafael Inclán, que “no hay que tener miedo de comer salchicha”.

Es lamentable que últimamente los teutones hayan perdido credibilidad, sobre todo después de los escándalos de Volkswagen. Por eso hay que refugiarse en la certezas jurídicas y la credibilidad que nos ofrecen nuestros funcionarios, que sí funcionan aunque digan sus Salieris que son refurbished.

Ahí está el secretario Videgaray, que ante la desazón desatada por el rumor de un nuevo gasolinazo —oportunamente secundado por otro gran héroe del proletariado sin cabeza, Chucho Zambrano— explicó con una pequeña ayuda de su fanaticada que el gasolinazo no es gasolinazo, aunque parezca gasolinazo, tenga patas de gasolinazo, pico de gasolinazo y nos ponga tensas a nuestras carteras como un gasolinazo cualquiera.

Quizá es de lo más creíble lo que dice el subprocurador de Derechos Humanos de las PGR, que afirma que “el tercer peritaje en Cocula no es por complacencia”; supongo que de la misma manera el primero no fue por coraje ni el segundo fue por capricho ni el cuarto será por placer.

Para reforzar la idea pensemos en la manera tan enjudiosa con la que Virgilio Andrade se sacudió el sospechosismo al confirmar que el caso de la “casa blanca está legalmente cerrado” y con tres candados, como la puerta negra; no se vayan a colar los conflictos de interés. Digo, y es verosímil, ni modo que ahí dejen de pagar la luz como Julio Preciado, que por esos olvidos podría acabar hablando de mujeres y traiciones en el fresco bote a lo Lupita D´Alessio. Eso sin dejar de lado a otro gran apóstol del open mind, El Bronco, que, con la misma naturaleza decimonónica de Mondragón y Kalb, nos reveló un secreto a voces: “Quien consume drogas se vuelve loco”.

Ahí estuvo el error de Jelipillo Calderón: en vez de organizar una narcoguerra, que de todas maneras no sirvió de mucho (bueno, sí ayudó al Chapo a hacerse empresario), mejor hubiera puesto unos manicomios.

La cosa es que Mancera ya anunció que el DF está listo para el uso de la mariguana para fines médicos

Estas cosas me ponen loco como mariguano, mejor saquen los hotdogs.

 

jairo.calixto@milenio.com

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