Política cero

Pobres de los niñ@s


Digan lo que digan, ser niño en México nunca ha sido fácil. Y hoy menos. Sobre todo cuando tienen que aguantar a un montón de chavorrucos que no saben ni mandar un tuit echándoles la culpa a internet o a las redes sociales o a YouTube de todo lo que ocurre, según estos viejos chirriscos atrapados en los 80, pues a los chamacos de estos tiempos “les pusieron otro chip”.

Pobres de los niñ@s. Acosados por la paranoia del secuestro, que sustituyó al hombre del costal y al coco; perseguidos por los émulos del padrote Maciel; condenados como están al encierro en los departamentos de interés social por la imposibilidad de salir a la calle a patear un balón, no vaya a ser que ocurra una desgracia de esas que la autoridad ni combate ni prevé. Pobres de los niñ@s, atormentados por la exacerbación de la violencia, narcoguerras y matazones que superan de lejos cualquier ejercicio hiperviolento de los videojuegos que tanto aterran a la masa inane y autoritaria que se quedó en el Pacman o en el Nesa Pong.

Pobres de los niñ@s sometidos a la observación de un mundo adulto plagado de abusos, excesos e hipocresías, instalado en la lógica de la narcoguerra, el gasolinazo y la impunidad, envueltos en narrativas con veldá histórica incluida.

Pobres de los niñ@s que pueden ser sometidos a cualquier trágica barbarie sin que el Estado se inmute, reaccione y no repita mecánicamente a través de sus robotizados funcionarios en turno aquello de lazar “su enérgica condena” con la promesa nunca cumplida de que “se llegará hasta las últimas consecuencias, caiga quien caiga”, haiga sido como haiga sido. Sea en el infierno de la Guardería ABC, en el próspero negocio de la trata que se trata, en el tráfico de órganos a domicilio, que siempre está en el superávit, en el reclutamiento de la explotación laboral, las madrizas interminables del abuso infantil y, ya en el colmo, en la faceta de conejillos de Indias para que góbers como Javier Duarte pudieran experimentar en ellos las posibilidades curativas y terapéuticas del agua destilada en sustitución de la quimioterapia intensiva.

Ese fenómeno metereológico conocido como El Niñ@ está en peligro.

Y todo en la era del reguetón, los narcocorridos, donde se le tiene más miedo a Javidú que a El Chapo y su Bucanas.

Con la resucitación del operativo Mochila segura (que seguramente volverá a morir en pocos días por las vías del tedio y la desidia), le conté a mi ya nada pequeña demonia la tragedia de Monterrey, para que estuviera preparada para que le revisaran sus pertenencias. Después de escucharme se quedó callada. Le pregunté qué pensaba y me respondió con una seguridad pasmosa algo que no deja de darme vueltas en la cabeza: “A ese chico pudieron haberlo ayudado”.

La única mochila segura será aquella blindada que inventó un niño de Matamoros harto de tanta balacera.

Pobres de los niñ@s.

jairo.calixto@milenio.com
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