Política cero

“Esto me pasa por pendejo”

Frase atribuible a Miguel Herrera, El Piojo Tuitiador, aunque no se sabe si la dijo en referencia a la multa que le habrán de aplicar por su muy espontáneo gusto por el Partido Verde, esa grata organización de un ecologismo depredador, o debido al equipo que llevó a la Copa América, cuyo destino parece más desastroso que el de la chuchiza perredista, a la que, según me cuentan, ya no la quiere Mancera y Presidencia tampoco la pela para firmar un nuevo pancho por México.

Es lo que pudo haber pensado la SEP luego de tanto lío con la CNTE, que ya me la traía peor que votos en manos de mapaches embarazadores de urnas, no puede ser. Digo, está bien que no puedes darle tanto vuelo al vendaval autoritario porque está mal visto por los visitadores de la ONU, pero la verdad don Chuayffet sí se veía mal con eso de que le estaba cumpliendo todos sus caprichos al magisterio marchista y rijoso. Bueno, hasta hicieron enojar a la fanaticada defensora de la educación: educación primero al hijo del burgués; educación después al hijo del montañés. No puede ser.

Estaban en la SEP como Mancera, que nunca le hizo el feo al licenciado Peña, aunque sea para taparle el ojo al macho.

Por eso me gusta que el público conocedor haya aplaudido a la Segob cuando, envalentonada y preponderante, harta del bullying magisterial, se soltó el pelo y afirmó que mientras los mairos no regresen a las aulas, no habrá negociación.

Nombre, hasta los mariachis callaron, Fausto Vallejo dejó de defender a su noble querubín (afirma El Gollum de Morelia que su hijo solo le seguía la corriente a La Tuta, aunque pareciera que estaban filmando una telenovela), el Parlamento europeo pospuso sus ataques contra Blatter (al parecer exigen que demuestre que no es ecologista) y Germy Martínez dejó de entonar cursis poemas de amor y una canción desesperada a los caminos de la guanajuatización calderónica pero sin atributos. 

En este numerazo entre la SEP y la CNTE, los más beneficiados no son los chilangos, que tenemos la nada irritante posibilidad de quedar atrapados en sus inmovilizaciones, sino los niños que, por supuesto, no quieren ir a la escuela, además de sus padres, que deben estar felices teniendo a sus fieros infantes todo el santo día en la casa.


jairo.calixto@milenio.com

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