Política cero

Partos sin dolor

Está bien que el gasolinazo es un parto, pero me pregunto si no habría manera de que, dados los avances de la ciencia, fuera sin dolor. Y es que así, sin anestesia, nada más a pelo, la cosa está muy compleja. Uno como sea, pero ¿y los políticos? ¿Nadie piensa en los políticos, que son los que más sufren en estos días, presionados por una sociedad resentida que los quiere renunciando a salarios, dietas, vales, camionetones y choferes, en un acto vulgar y revanchistas que de todos modos no va a tapar el agujero de chingomil millones de dólares que traemos en las finanzas públicas por influencias exógenas y alienígenas que se empeñan en impedir que México sea ese buey que nomás no se puede evadir de la barranca? 

Tan mal estamos por la falta de valores y de empatía en la increíble y triste historia de los cándidos diputeibols y senadores y el desalmado pueblo que les quiere arrebatar su nada escaso peculio.

Y con justa razón se queja uno de los políticos favoritos del ejército laboral de reserva, el generoso panista Javier Lozano, que ante la posibilidad de quedarse sin 10 por ciento de su salario nada mínimo injertó con toda razón en pantera porque “yo vivo de esto” y, a ritmo del “¿y ustedes qué hubieran hecho?” remató con un clásico de la picardía mexicana que supera a su propio “copelas o cuellos”: “¿Qué quieren, que me ponga a robar?”. Claro que no, sería una infamia. Todos sabemos que los legisladores nunca han robado ni robarán. Por eso es importante apoyar a #LadyNoMeAlcanza, la priista Susana Corell que, con lágrimas en los ojos, explicaba que ella hasta terminaba poniendo para acabar la quincena, que cómo iba a dar una parte de sus recursos.

Sí, no se vale, en ambas cámaras tenemos una zoología de fantásticos seres de luz y de color como las tómbolas, a la que no podemos poner en riesgo de extinción cual si fueran pandas en pleno rito de apareamiento.

Antes al contrario, hasta deberíamos darles más recursos para que no se desanimen y sigan adornando su curul con su fina estampa, caballero. O sea, nada más falta que la gente quiera que se pongan a trabajar. No hay derecho. No podemos ser tan cuentachiles como aquellos que piensan que el pleito entre las armadoras automotrices y Trump está más arreglado que las peleas del Canelo. Creen que, puestos de acuerdo, Donald hace como que las presiona, ellas se defienden y quedan cual heroínas y el gobierno mexicano las premia dándoles más concesiones, terrenos y excepciones hacendarias.

Como quiera que sea, tampoco exageremos, porque ya me imagino que habrá quien proponga malosamente mandar a los legisladores de vacaciones a Cancún y a Playa del Carmen, que serán lugares muy atractivos para el turismo extremo.

¡Qué raro que ocurra tanta violencia en aquella geografía pura!

Lo que necesitamos son partos sin dolor a domicilio.

jairo.calixto@milenio.com
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