Política cero

Un "papamóvil" para Moreira

Mientras muchos ingenuos charlatanes están preocupados por el zika (ni se asusten, cuando los moscos pasen por Veracruz, Mataulipas, Michoacán, Chihuahua y Guerrero, seguro que los levantan o terminan en una narcofosa), o se sacan de onda al ver a los altos prelados peleándose entre sí por tener boletos para ver al papa (aunque sea en lugares pobres, violentos y miserables) o celebran el triunfo de Cruz sobre Donaldo Trump en el caucus (cuscús el que nos va da si cualquiera de estos llega a ganar) de Iowa, como si el nada talentoso Mr. Ted no hubiera demostrado que es peor que cualquier fanático kukusklanesco del ala ultraderechosa del conservadurismo yanqui, acá nos alegramos porque a un compatriota nuestro le hizo justicia la revolución institucionalizada una vez más, y gracias a la intermediación de un juez justo, a don Humberto Moreira ya le devolvieron su preciado pasaporte.

¿Y para qué volvería el Rey de Chúntaro Style? Pues para ser postulado a un cargo de elección popular, algo para lo que el siempre comprensivo don Beltrone ha dicho que no está impedido por la ley si, en efecto es su deseo. El presidente del PRIcámbrico temprano siempre tan humanista, estoy seguro que sin pensarlo dos veces le dejaría las llaves de alguna de sus casas al ex góber de tanta confianza y probidad que ha demostrado a lo largo de su larga y purísima carrera.

Bueno, incluso me atrevería a apostar que los coahuilenses estarían positivamente entusiasmados con la posibilidad de que tan insigne defensor de la austeridad republicana y las cuentas claras, volviera a ser altísimo funcionario, diputado, regidor, alcalde, senador y, de ser posible, gobernador para acabar con su ardua tarea por la prosperidad, basada en una buena administración de las finanzas públicas.

Eso es lo suyo. Seguramente por eso el licenciado Peña debe estar pensando en dejarle en manos de Moreira de las Moreiriñas el manejo de la economía nacional, sobre todo ahora que —por culpa del dólar, el petróleo y los chinos, sin ninguna intervención de gobierno federal, diría la Legarreta— la deuda externa creció un levísimo 75 por ciento en este sexenio.

Así como el góber poblano le pone su nombre hasta a los semáforos y se homenajea merecidamente a cada paso que da, los coahuilenses, que ya ni deben ni quieren acordarse de la deuda que para su bien les heredó El Profesor (es en la escasez y no en la abundancia cuando los pueblos sacan lo mejor de sí), no dudarían en ponerle a Coahuila, Coahuila de Moreira, como debe de ser.

Hasta que vuelva, que nadie pise su recuerdo y que lo reciban en un papamóvil.

 

jairo.calixto@milenio.com

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