Política cero

El muchacho chicho de la película jarocha

O sea, está bien que el nada portátil Javiercito Duarte tenga sus voracidades muy propias de todo aquel que se trepa al ladrillo del poder, pero me parece un exceso que le echen la culpa de todo lo que pasa en esa bonita geografía donde hacen su nido los Zetas del bar. Ya lo acusaron de quedarse con los cambios del erario público, le dijeron que el solito entrenó a los Porkys para que marranearan a gusto, hasta hay una línea de investigación que sigue la idea de que él solito cavó las narcofosas en el estado y que tiene amenazados a los medios de comunicación locales para que siempre salga delgado y guapo… pero ahora también señalan al gobierno que atinadamente dirige no solo de haber triplicado la deuda de los veracruzanos en dimensiones moreirianas, sino de quedarse con 9 millones de pesos que la ciudadanía aportó para apoyar a la Cruz Roja.

Eso, por principio, es imposible, pues 9 millones no es ni morralla para un hombre de la categoría del ya inminente exgóber petocho. No me lo imagino en la intimidad de su despacho pensando siquiera en la manera de agenciarse una cantidad tan pobre. Más ahora que el nuevo presidente del PRI, del que nadie recuerda su nombre, acaba de advertir que el partido tan comprometido en materia de probidad pedirá la destitución de todo priista acusado de corrupción. Lo que ya no explicó el distinguido líder de tan indiscutible bastión de la moral y los más altos principios es quién va a apagar la luz cuando ya no queden ni Catémoc Gutiérrez, Señor de los topo gigios, ni Betito Borge, champion bat de la acumulación originaria de bienes raíces —una tradición muy tricolor que tuviera en R2D2 Montiel al verdadero Señor de las casitas blancas—  ni mucho menos los de intendencia.

Bueno, siempre podría quedar Virgilio Andrade, dios huichol en materia de transparencia y rendición de cuentas, que sin duda resguardará el local del PRIcámbrico temprano como si estuviera en Malinalco.

Como quiera que sea, al pobrecito Duarte nada más le falta que me lo acusen de robarle sus domingos a los niños y de meterse a las iglesias a quedarse con las limosnas. No puede ser. Ni que fuera como la esposa de Donald Trump, que se anda plagiando los discursos de Michelle Obama para quedar bien en el aquelarre republicano, cuando podría imitar a la primera dama de México, que es un ejemplo de mesura y humildad.

Javiercito debe estar tranquilo y ayudar como Meade a distender la pelea entre Inegi y Coneval por las metodologías y parámetros para medir la pobreza. No vaya siendo que le agreguen más pobres de los que ya tiene y luego se vea obligado a disculparse.

Seguro que el muchacho chicho de la película jarocha llevará el mejor regalo al cumpleaños 50 del licenciado Peña.

jairo.calixto@milenio.com

www.twitter.com/jairocalixto