Política cero

La mojigatería es una superchería

Cuando cunde el puritanismo cuentachiles las cosas pasan de Guatemala y se van a Guatepior. Y más durante las campañas electorales, donde a los candidatos los quieren llevar a una forma de santidad que no solo es imposible sino antihigiénica, además de destruir cualquier forma de ambición. A ver, ¿quién diantres va a querer llegar a un puesto de elección popular si la recompensa es austera y se reduce al puro servicio a la comunidad? O sea, si el chiste de aspirar a una curul, una gubernatura o una alcaldía son los beneficios que ello reditúa por tanto sacrificio en nombre de la patria.

¿Qué chiste tendría ser un altísimo funcionario si no puedes tener un montón de caserones como el candidato panista Gándara en Sonora (lo entiendo, ni modo de vivir en quinto patio) o viajar en jet privado como su opositora priista, Claudia Pavlovich, a quien lo mismo la critican por ponerse bótox que por ir a desestresarse a Las Vegas (¿qué quieren?, ¿que ande en Flecha Roja y se divierta en Caleta-Caletilla como si no hubiera clases?)?

A lo mejor por eso la está apoyando la todavía senadora petista, Ana Gabriela Guevara, para que la lleve a dar una vuelta al Cirque du Soleil y ver las peleas de Pacquiao. Además, era lógico que el pragmático seudoizquierdismo chuchista que aprendió en Wikipedia la llevaría finalmente a enarbolar el muy digno voto inútil a favor del PRI para echar a patadas al PAN de Sonora.

O sea, la ex campeona de los 400 metros planos hace bien en saltar de un partido a otro si es por el bien de la patria chica que, por otro lado, es generosa, ya que el panucho don padrote Padrés hasta su propia presa tiene en su ranchito. 

Sí, no se puede ser tan mojigato y confiado asumiendo que únicamente los santos, buenos y puros pueden tener una pobre carrera política porque serán, como bien dijo el profe Hank, que algo sabía de la acumulación originaria de capital, políticos pobres.

Si ya dijo el licenciado Peña que hay cosas que tienen un origen cultural, quizá sea tiempo de comenzar a alegrarnos de que los políticos puedan acceder a créditos blandos Higa, hacer bisnes chidos con compañías sin fines de lucro como OHL, organizar orgías con stripers y teiboleras (y que inviten) y hasta llevar a Calderón a las campañas (ahora dice que en México hay debilidad institucional de todo tipo, ¿neta?) con la bendición de Navarrete Navarretín.

La única regla que se debería admitir en materia electoral es la que enarbola la gran Xóchitl Gálvez: “¿Cómo pueden votar por alguien que le va al América?”.

 

jairo.calixto@milenio.com

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