Política cero

Para marxistas, Groucho


El problema de la indignación es que no te deja ver más allá de lo evidente, triste mal del que han adolecido los movimientos antisistema que, por dejarse llevar por la víscera, cometen errores primarios que dan al traste con las verdaderas motivaciones de sus empeños contestatarios.

Ejemplos hay muchos, pero ahora resaltan el caso de los padres de los 43 de Ayotzinapa, la CNTE y la Ceteg, que se refugian en la lucha combativa para boicotear procesos electorales. En principio parece funcional al generar estupefacción entre las buenas conciencias, que de inmediato se ponen como Itatí Cantoral en Amores con trampa cada vez que ve una vaca o un naco, ante la impensable posibilidad de que, ¡oh, Dios mío!, se diera el caso de que la sociedad no pudiera depositar su voto en una urna embarazada.

De entre todos estos personajes que pegaron el grito en el cielo destaca, sin duda, el líder panista Ricardo Anaya, que soltó una verdadera maravilla: "Ya dejaron a los niños sin escuela, ahora quieren dejar a la ciudadanía sin democracia; eso es inaceptable", a la manera de un muy sentido homenaje a La rosa de Guadalupe.

Hasta ahí las cosas van bien, porque se ha generado un tema que se abre cancha en la agenda y se arman los debates y los melodramas, pero hay que saberlos terminar.

Sobre todo porque se corre el peligro de obtener el efecto contrario al que estaba buscando. Si las elecciones en Guerrero iban a ser de todos modos un desastre (tienen más baja popularidad que Catémoc Gutiérrez), con todas esas airadas exigencias para su cancelación —debidamente atizadas por el INE que juega a ser el héroe de esta película electorera, papá— lo único que consiguen es darles respiración artificial.

Más aún cuando justifican sus esfuerzos con la intención de impedir que la gente vote por narcopolíticos. O sea, la verdad histórica es que los Abarca de la Parca eran, por supuesto, solo unos prietitos en el arroz blanquísimo de la política nacional. Ahora lo peor que puede pasar es que desde su curul, Carmelita Salinas organice clases de actuación en las escuelas para que los niñ@s aspiren a ser Corcholatitas.

Así, entre los luchadores sociales como entre los anarcosindicalistas en situación de calle, es momento de arrancarse el inseption del "¡Patria o muerte, venceremos!" y entender la vieja máxima de Marx, Groucho: "La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados".

jairo.calixto@milenio.com
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