Política cero

La candidata

No había yo visto tanta alharaca resentida y envidiosa desde los exagerados escándalos por la casa blanca, hasta ahora que aparecieron imágenes del matrimonio Calderón paseándose muy orondo en un lujoso yate de la familia Mouriño por las aguas bien templadas y maravillosas de las costas de Campeche, gozando de la felicidad, que es una forma de navegar por esta vida, que es la mar, y que de ninguna manera podría compararse con la felicidad que promete el señor licenciado don Peje, que lo único que quiere es que la gente de bien no pueda iluminar las aguas nacionales con sus bonitas embarcaciones para papirrines, lobukis y mirreyes pípirisnais.

Tenemos la mala costumbre los mexicanos de experimentar ese malestar por el bien ajeno, sobre todo cuando se trata de personajes encumbrados que solo por su legado, como aquel con el que dotó a la patria Jelipillo, con su aplomo de aspirante a General Custer de verdad, merecerían que todas las trajineras de Xochimilco llevaran su nombre. Digo, tan malo es exigir que el licenciado Peña y la primera dama estén condenados a vivir en el falso populismo de un departamento de interés social del Infonavit, como esperar que Margarita y Felipe solo puedan tomar vacaciones en la Ex Hacienda de Temixco o en La Marquesa. Además, si se iban a reunir con la familia de Juan Camilo, con la que los unen viejos negocios, perdón, antiguas amistades, ni modo que lo hicieran a la mitad del camino entre Caleta-Caletilla y La Roqueta, es decir, ahí justo donde, gracias a la lancha con fondo de cristal, se puede contemplar a la Virgen bajo el agua y pedirle su bendición.

Quién sabe si Jelipillo, que es ajonjolí de todos los moles, pero Margarita sí se merecía un descanso. Sobre todo después de la andanada de malsanas críticas que generó su libro, donde de la misma manera en la que un día abrió su casa en una grabación para que viéramos que vive más acá de la austeridad republicana, mostró pasajes autobiográficos que tienen conmovidos y apantallados a un montón de avezados lectores, opinócratas y seres de luz de la onda mediática que prácticamente la colocan al nivel —y sin duda con justa razón, dado lo atinado de su prosa, el fulgor de sus revelaciones y la consistencia dramática de las hipérboles— de Bob Dylan, pero sin la guitarra ni la arrogancia.

Son tales los elogios recibidos por su libro, que cualquiera diría que tendrá mucho éxito, como si fuera el Quiúbole con Margarita. Esto le vendrá bien ahora que, para contrariar a aquellos que la señalan y la acusan desde una cansina misoginia (algunos perversos se preguntan con retorcida retórica, ¿de qué vive Margarita Zavala?), presentará su 3de3.

Aunque no sé si sea buena idea, si hasta Javidú y Padrés tenían la suya y miren dónde están.

Esta es La candidata de a de veras, ni que fuera esto telenovela.

jairo.calixto@milenio.com

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