Política cero

Siete años sin orgasmo

Voy a desviar la atención de los grandes problemas nacionales que, gracias a los empeños de nuestros gobernantes, están a punto de superar a Siria en materia de peligrosidad, para hablar de otro asunto. Y no me refiero a la salvaguarda de la vaquita marina de la extinción que ha solicitado de la manera más atenta Leonardo DiCaprio al licenciado Peña, que ha de haber pensado en un principio que se trataba de la huachicolera mayor. ¡Qué onda con el actor! Pudo haber pedido respeto a los Acuerdos de San Andrés, voluntad política para resolver el enojoso asunto de Palmarito (seguro que todo es una confusión y que se trataba de un video más truqueado que los de Eva, que va arrastrando Cadena), o solución a la tragedia de los 43 de Ayotzinapa (la verdad histórica, que está más histérica que nunca, parece que tendrá un fin profundamente histriónico), pero no, al intérprete de Titánic solo se le ocurrió salvar una especie que ni siquiera está en la canasta básica, que no requiere apoyos de Sedesol, no tiene credencial para votar en el Edomex y no controla grupos de mapaches amaestrados.

Pero tampoco me refiero en esta digresión a la nueva intención del PAN de luchar contra un enemigo más peligroso que Delfina Gómez, Maduro y El Peje juntos: los tatuajes, que al usurpar espacios en la piel de las personas destruyen el alma, corrompen el espíritu y pervierten la mente de quienes osan hacer tan abominable acto.

¡Maldita sea! Y yo que pensaba tatuarme la idílica imagen del gobernador blanquiazul dándole de nalgadas con la cara a la Conejita de Playboy venezolana La Diosa Canales. O a Jelipillo tuiteando con un jaibol en la mano. O el coche de Marko Cortés, líder de la bancada, con las placas tapadas para que no lo agarren las fotomultas. O una bonita imagen de Montana de cuerpo entero con gran letrero que dijera: ¡Ánimo!

Pero mi tema de hoy no tiene nada que ver con esos distractores. Hoy quiero expresarme como aficionado de los Pumas. Como muchos aficionados universitarios, esperaba que la llegada de la nueva administración con Paco Palencia traería grandes hazañas y algunos éxitos. Ya después vimos con tristeza que todo se iba derrumbando hasta llegar a niveles vergonzosos al final de la tabla.

Pero lo peor no eso, sino que la mejor solución que se le ocurrió a la directiva de Pumas fue desmantelar al equipo, incluyendo a una figura mítica como Darío Verón, nuestro capitán.

Un hombre que lo ha entregado todo, que desde la defensa ha construido grades epopeyas y cuyas contribuciones son históricas. En vez de rendirle un homenaje y mantenerlo como el símbolo de la garra, la entrega y el sacrificio de la mística universitaria, lo echan a patadas por la puerta de atrás.

Hasta parecen americanistas.

A esos directivos, por ingratos, les caerá una maldición de siete años sin orgasmos.

jairo.calixto@milenio.com
www.twitter.com/jairocalixto