Política cero

Lo lúdico no quita lo caliente

En un tono de unanimidad que prácticamente nunca se ve en México, todos parecen estar de acuerdo, mientras se abrazan casi llorando, en que la mariguana para usos medicinales debe ser necesariamente aprobada debido a sus propiedades curativas, dándole así la razón a las abuelitas que se la untaban en el cuerpo mellado para aliviar las dolencias agresivas de las reumas. Hasta personajes que no son necesariamente de este siglo, como Mondragón y Kalb, palomearon la iniciativa, y ante la opinión pública, al participar en estos foros gubernamentales que le dan vuelta a las mismas oxidadas tuercas hasta parecen modernos, humanistas y progres (no necesariamente en ese orden). Tanto como el mero mero de Semarnat, el señor Pacciano, que había sido de bajo perfil y ya puso a parir chayotes a la fanaticada que cree que los manglares son un mito venial, al afirmar que él no hubiera aprobado el proyecto Tajamar, ese que ahora todos niegan, de Calderón a Fox, como si Fonatur lo hubiera engendrado por vías milagrosas.

Pero de regreso a la mota, en estos debates sí se ha sentido el olor a naftalina y a nostalgia porfiriana cuando se tocan los asuntos recreativos y lúdicos. A todos les brotan los atavismos medievales por sus más inciertas cavidades y hacen más drama que Gamboa Patrón cuando dice que el escándalo de Moreira sí le dolió al priismo.

Y lo que se ve mal es que para funcionarios, académicos, comunicadores, médicos y políticos, el problema no es tanto la mística yerbosa, sino los conceptos de la recreación y lo lúdico. Como que hay ahí un prurito para que impere la seriedad y la solemnidad (que un paciente se aliviane de sus broncas está bien, que un mexicano se aliviane haciendo la sonrisa del guasón es pecado) por encima de todas las cosas.

Digo, con esa actitud, con esas reticencias moralinas, como poseídos por el espíritu de Uruchurtu y Serrano Limón, está difícil que las cosas cambien aunque sea para que gatopardescamente sigan siendo las mismas.

Así, enalteciendo lo solemne y condenando lo lúdico, como si les hubiera picado el Zika, está difícil que se revierta el número de jóvenes consumidores de mois, carentes además de oportunidades, expuestos a la ignorancia, ¡al tabú!, la criminalización y el esoterismo oficial.

Ya, supérenlo, relájense, tómense su Ritalín.

Si en efecto el Estado mexicano, que casi ni ciñe su postura con la del licenciado Peña, que no está a favor de las despenalización de las mariguana (si hay que despenalizar a alguien que sea a Javiercito Duarte), deberían comenzar una campaña aprovechando la frase clásica del Chapo Guzmán (cuya hija ganó el amparo para tener su marca en camisas multicolores), donde el traficante afirma: "Las drogas sí destruyen".


jairo.calixto@milenio.com
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