Política cero

Hasta en la lucha de clases hay clases

Me desperté intempestivamente con la noticia de que había un incendio, y como decían que aquello era dantesco, de inmediato supuse que se trataba de un auténtico duelo de PRItanes entre los herederos insepultos de Gómez Morín y los choznos de don Plutarco. Parecía lógico, tomando en cuenta el airado discurso con el que respondió Camacho Quiroz a las alusiones en los spots blanquiazules de su reloj de dos millones de pesos, la actitud complaciente del INE, que de inmediato regañó a los panistas por levantar falsos (parece que el wacho es más caro que el de Korenfeld y Navarrete Prida juntos, porque da el tiempo de Atlacomulco y trae incluido el tiempo legislativo), mientras que Gustavo Madero se alegró porque estas escaramuzas espabilan las aburridas campañas.

Pero no, el incendio fue el enésimo que se verifica en la Central de Abastos del DF que, todo lo indica, es más inflamable que las buenas conciencias cuando les avisan que la primera dama se fue de compras, quizá por la vana esperanza de verla con vestidos de la barata de Suburbia. Parecen olvidar un viejo adagio que al calce dice: “El shopping es una forma de navegar por esta vida que es un mall”. Un mall que durará más de mil años, muchos más.

Esto, los líderes perredistas, candidatos y góbers petochos, lo saben, lo saben. Por eso, su calidad de izquierdistas de altos ingresos, andan en helicóptero porque la revolución ni puede ir por carretera.

Hasta en la lucha de clases hay clases.

Como quiera que sea, ciertamente me decepcionan estos partidos que se presumían afamados por entrones —por eso tienen a Beltrones— y que en vez de escenificar un satánico pandemónium como correspondía al intercambio de ofensas, mantienen el estatus de sus diferencias en una pinchi canción de horror.

Ya lo único que puede aliviar la desazón ante el pobre nivel de injurias en este triste debatillo que no puede superar ni el que hay entre López Obrador y Mancera, es que panistas y priistas se agarren a mordidas en un homenaje al sensible jugador de los Xolos que a mandibulazo nada limpio quería meter gol. Muchos se quejan de que la Femexfut nomás castigó al señor Arango con dos partidos, cuando aquello parecía más chupetón que tarascada. Solo están peor quienes pretenden desacreditar a la candidata priista a la gubernatura de Sonora, la señora Pavlovich, solo porque como ella misma lo ha reconocido, usa botox casilla por casilla. 

En vez de andar de chillones, los del PRI deberían de sacar un spot con Montana.

jairo.calixto@milenio.com

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