Política cero

El licenciado Peña, ese gran "open minded"

Me gusta la idea de un presidente propositivo, arriesgado, adelantado a su tiempo, que se aleja de los atavismos medievales y construye caminos hacia la modernidad. Si ya nos había sorprendido con esa convocatoria generosa del Pacto por México y nos dejó con los ojos cuadrados al plantear una reforma educativa de gran calado, sin olvidar sus propuestas imposibles y sensible acerca del debate por la mariguana, ahora el licenciado Peña nos deja patidifusos al anunciar una serie de reformas para que el matrimonio entre personas del mismo sexo encuentre resguardo sólido en las leyes, el Código Civil y la Constitución.

Tal vez harto de que los insensatos lo acusaran de haber sido educado con el Manual de Carreño y el Catecismo del Padre Ripalda, de ser un hombre del siglo XVIII extraviado en el XXI, el licenciado Peña está decidido a demostrar que es más progre que Gael y Diego Luna juntos, menos conservador que Serrano Limón en tanga y mucho más open mind que los trabajadores del Issste que se tomaron la selfie con Margarito.

Seguramente le pesaron los comentarios que desató al revelar que cuando su hijo le preguntó si se iban a poder fumar un churro en casa, respondió con un no rotundo. Digo, me lo trataron peor que al Tuca Ferretti luego de su berrinche en la derrota frente a Monterrey. Por Dios, ¿qué padre que no sea un degeneradazo querría compartir con su hijo un guato de la mística yerbosa? Sobre todo porque quién sabe si su proveedor es de confianza y no le están dando cilantro por mota.

Así que desde ese momento ha venido desmoronando esa vieja imagen de guerrero de terracota, para construir un look más hipster y acorde a los nuevos tiempos y, en pleno Día Mundial Contra la Homofobia, a través del Twitter hace este anuncio, en presencia de representantes de la comunidad LGBTI. O sea, solo faltó un performance de la Congelada de Uva y de la Bogue y que todo se firmara en El Hábito de Coyoacán teniendo a Las Reinas Chulas en calidad de testigos.

Lo único que habría que apuntar, no sin antes agradecer la calidad de visionario de don Enrique, es que en esta ocasión el entusiasmo sea respaldado por una serie de sólidos ejes normativos, legales, para asegurar que todo esto se consolide en la realidad. No vaya a pasar como con la marihuana que, al final, no solo se quedó atorada como la lucha contra la corrupción en los jaloneos partidistas, sino que se queda corta en su ecuación: sí puedes portar más para que no te criminalicen, pero el negocio, el cultivo, el trasiego, la compraventa sigue en manos del narco.

No vaya a ser que a la hora buena, el matrimonio igualitario en el país quede en manos del Santo Oficio y sus inquisidores, que se ponen peor que #LadyFuria.

jairo.calixto@milenio.com

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