Política cero

Es que no eran como los de ‘La ley de Herodes’

Para la Bok, que está dando la batalla

 

Es bueno saber que el delegado de Tlalpan, Héctor Hugo Hernández (el tres veces H), va a agarrar al toro por los cuernos y aunque lo acusen de mocho se dará a la tarea de acabar con todos los table dance de la demarcación a su cargo. Al parecer el tema de la mujer esclavizada en una planchaduría lo conmovió tanto que ahora va con todo contra cualquier forma de explotación inhumana.

Supongo que en un principio cerrará todos las lavanderías (no las monetarias, no se vayan a ofender) y luego hará tabla rasa con todos los teibols, antros de vicio y perdición.

Una cruzada fundamentalmente moral que, sin duda, acabará con tamaño flagelo, pues como bien sabemos, las trabajadoras del tacón dorado y de la industria del tubo tienen frente a sí un rico panorama de empleos bien remunerados, producto de las reformas peñista.

Un esfuerzo admirable que solo puede ser comparado con el del góber de Jalisco, Aristóteles Sandoval, quien después de los acontecimientos del 1 de mayo, llamó a la calma y advirtió que pronto todo volverá a la normalidad, sobre todo cuando el licenciado Peña prometió que se iba a desmantelar al cártel de Jalisco Nueva Generación, el nuevo villano nada favorito de México. Una organización de la que no se sabía que tuviera tanto poder y dinero, pues ya se sabe que no hacen pública su declaración patrimonial, ni pasan sus perfiles con conflictos de interés incluidos, como la gran mayoría de los funcionarios, líderes sindicales, candidatos y políticos, alegaran motivos de seguridad. Ya ven cómo está la cosa con esto de la violencia y la inseguridad, que seguramente serán solo golondrinas que no harán verano.

Bueno, hasta los gringos soltaron a los líderes, El Mencho y El Cuini, pensando que eran baba de perico dado su bajo perfil.

Y como no se parecían a los de La ley de Herodes...

Por eso es lógico que las autoridades locales y federales reaccionaran con lentitud ante los previsibles narcobloqueos que necesariamente se habrían de desatar, luego de haber sido apañados unos capos en la zona.

Qué padre que esta vez no les tembló la mano para aplicar el código rojo.

jairo.calixto@milenio.com

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