Política cero

Como leones en Zimbabwe

Aunque escuchar las declaraciones de Fox está considerado casi tan dañino como ver el programa de Laura Bozzo, me pregunto qué será más peligroso, ¿encontrarte con el Piojo Herrera en un aeropuerto, ser pobre en una campaña de Sedesol o ser periodista en Veracruz? Claro que es comprensible que un oficio como el de reportero poco o nada tiene que ver con el de Godínez en una dependencia de gobierno (a menos que te toque armar los recortes presupuestales de último momento que dijo el señor Videgaray que gracias a las reformas estructurales nunca jamás tendrían efecto en la patria), pues se requiere cierta pasión por la emoción fuerte, gusto por la aventura y denodada capacidad para la resiliencia.

Eso es lógico por la naturaleza misma del quehacer periodístico, aunque, tristemente, merced a los usos y abusos del Internet, las redes sociales y YouPorn, se ha venido aburguesando de manera acelerada, perdiendo así buena parte de esa esencia que nos heredaron Hemingway, Kapuscinski y Pistachón Zigzag.

Por eso hay que agradecerle al distinguido góber de Veracruz que tuvo la gran idea devolverle a los periodistas lo que viene siendo el “FUA”, el Ojo de Tigre, al convertir la entidad, que atinada y democráticamente gobierna, un lugar ideal para que reporteros, fotógrafos y cronistas sientan peligros en el callejón y sentir lo que han vivido enviados a zonas tan relajadas como Vietnam, Afganistán, Irak y Tlatlaya.

Digo, lo ideal es que todo fuera como en los campos del Gotcha con municiones de pintura, o que aquello fuera una recreación disneyana con final feliz, pero tomando en cuenta las necesidades del góber y los gastos de representación, pues lo que tiene que imperar es el realismo mágico-trágico-musical.

Digo, cómo se va a aprender verdaderamente un oficio si no te sometes a pruebas rudas, rudas, rudísimas que hagan ver al periodismo gonzo como una cobertura en la inauguración presidencial en el nuevo estadio de la pandilla de Monterrey. Ahí sí, qué mala onda que las autoridades no hubieran llevado gente a las gradas para que el licenciado Peña recibiera el aplauso del público conocedor.

Como quiera que sea, también hay que entender al admirable licenciado don Duarte: o invierte en seguridad para que lo único que se roben sean Pingüinos y Bubulubus en ese rinconcito donde hacen su nido las golfas del bar, o se generan las condiciones para que a los periodistas incómodos como Rubén Espinoza no les pase lo que a los leones Cecil y otro más en Zimbabwe.

 

jairo.calixto@milenio.com

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