Política cero

Julian Assange y el FBI se la 'jalogüinaron'

De que se la jalogüinaron los del FBI al soltar el sospechosismo con lo de los correos de Hillary, sin siquiera saber su contenido —dudo mucho que la talentosa Mrs. Clinton pudiera tener algo medianamente porno en sus correos, más allá de la foto crucificada y maldecida de Monica Lewinsky—, se la jalogüinaron en pleno.

Digo, cualquiera diría que Donald maiceó a los choznos de J. Edgar Hoover para que en un de repente aparecieran como por arte de magia todos esos correos que, curiosamente, resucitaron al magnate ya cuando estaba muy bocabajeado.

Un poco como lo que le pasó al adulto chico o niño grande de Ricardo Anaya que, justo cuando se había convertido en el paladín de la justicia y el terror de los corruptos, lo adalides del fuego amigo le sacaron los trapitos al sol de su vida como millonario excéntrico, papalord de a de veras.

Para contradecir a sus críticos que según él hasta le falsificaron los boletos de avión donde se supone que viaja cada semana a Atlanta en primera clase, mostró el ticket de octava clase a precios de alarido. Ojalá don Richard nos diga dónde consigue esos teleofertones para ir a la ciudad de Scarlet O’Hara. La verdad es que fue muy conmovedor el despliegue discursivo del presidente del PAN para justificar su livin la vida loca, pero cuando remata con frases siempre manoseadas por el mismísimo Javidú (“El que nada debe nada teme” y “No todos somos iguales”, algo que solo puede compararse con la última de Camacho Quiroz: “Duarte no representa al PRI”), pierde credibilidad.

Si sigue así, Anaya va a recibir un premio de parte del licenciado Peña como el que le dio a Jelipillo Calderón, ese enorme estadista.

Quizá para resarcirse, Anaya esté obligado no solo a demostrar su inocencia sino también a encontrar a quienes me lo están balconeando y traen campaña en su contra. Sobre todo porque en el PAN se están matando peor que los polis de Monreal contra el equipo de Alfonso Cuarón.

Como quiera que sea, insisto en mi tesis de que el gran adalid del Apocalipsis por venir es Julian Assange. Por andar filtrando los correos de Hillary a través de WikiLeaks, lo único que está a punto de conseguir es que Donald Trump llegue a la Casa Blanca y la convierta en un Hotel & Resort con campo de golf, para luego pasar a apretar el botón rojo y comenzar la tercera guerra mundial contra todos los perros infieles a su doctrina estilo Putin-Darth Vader.

Y es que como dice Melania, “Trump no solo habla, actúa”, o lo que es lo mismo, es reaccionario porque reacciona.

jairo.calixto@milenio.com
www.twitter.com/jairocalixto