Política cero

Un jersey de Brady, por el amor de Dios

No sé por qué la gente supone que cuando un sátrapa sale de un gobierno su sucesor hará exactamente lo contrario para no tropezar otra vez con la misma piedra. Las malditas inercias son perras. Por eso Yunes no es que no tenga ganas de impedir que Veracruz sea el estado más peligroso para el ejercicio periodístico, sino que tiene mucho que hacer ahí dizque correteando a Javidú, que ya es peor que el coco. De hecho, a los niños se les asusta con que va a venir el ex góber a robarles su zacahuil si no se portan bien.

Digo, todo el mundo quiere que apañen al fulano para que regrese lo que se llevó, y Yunes no puede andar en otras cosas que no son de mayor prioridad que hacer como que se está buscando con ansia a ese célebre saqueador.

De ahí que, tomando en cuenta las circunstancias, quizá sea el momento de recurrir a uno de los instrumentos favoritos de la presente administración, la subrogación, para resolver los temas más sensibles que la sociedad nomás no puede olvidar, quizá debido a lo que viene siendo una especie de alergia crónica a las verdades históricas.

En este caso, sobre todo tomando en cuenta su éxito con el enojoso tema del jersey de Tom Brady que nos podría costar la guerra a México (que un reportero mexicano se haya carranceado tamaño símbolo del trumpismo no debe tener muy contento a Donald, y en castigo querrá que lo manden a Veracruz), sería importante que para la investigación yunesca sobre su antecesor recurra a los servicios del FBI, que no será bueno para resolver los grandes temas de la patria yanqui, como la relación de Trump con la lluvia dorada de origen ruso, pero para estos temas del jersey de Brady (valuado en 500 mil dólares, como si lo hubiera usado Catémoc Blanco en su informe de gobierno) esta noble institución se pinta sola.

Seguro que en un mes ya tendríamos resultados sobre el paradero del marido de Karime Macías, la reina de los decretos.

Si la cosa funciona bien, y a sabiendas que lo importante está en otro lado —como en hacer ver que Pemex está boyante y que quienes critican a esta gran empresa productiva del Estado son una bola de malagradecidos— se le tendrían que dar a la vieja casa fundada por J. Edgar Hoover (un humanista), confianza para su resolución de los casos de Ayotzinapa, Tlatlaya y varios más, atrapados en ese algo sin nombre que obsesiona al hombre por una verdad histérica.

Acá lo que es de llamar la atención es el tonito superior y mamila con el que se señala al compatriota que se voló el famoso jersey, desde quién sabe qué estatura moral, solemne y mamuca. Salvo Jelipillo Calderón, que tiene las credenciales plenipotenciarias de la decencia y que por eso exige frente a este periodista la misma justicia que aplicó en la Guardería ABC, muchos de los linchadores están para que se queden calladitos aunque así no se vean más bonitos.

jairo.calixto@milenio.com
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