Política cero

‘Javiduvianamente’ hablando

Cuando el auditor canta, los funcionarios transas no mueren, pero tiemblan. La emisión anual de resultados de la Auditoría Superior de la Federación no deja títere con cabeza respecto a los abusos, desperdicios, excesos y bromas de mal gusto que se hacen con el presupuesto, en una lógica muy javiduviana que no por ser muy anterior a su periodo no deja de tener ese espíritu francamente cleptómano. La ASF cada año nos recuerda que el Estado mexicano posee uno de los dream teams más eficientes del planeta en materia de corrupción, atraco en despoblado, de producción de empresas fantasmagóricas y triangulaciones barbajanescas que hacen ver al lavado de dinero del crimen organizado como una triste Pyme.

Y al igual que cada año, los mexicanos en su conjunto, incluyendo a los beneficiarios de tales infamias, pegan el grito en el cielo, fundamentalmente porque todas esas revelaciones, o en su mayoría, no conducen a la corrección a profundidad de sus tenebrosas inercias. Caerá cuando mucho un pez medio gordo, pero aquellos que se despacharon con la cuchara de Javidú suelen chapotear graciosamente en la piscina de la impunidad aferrados a sus inflables hechos con el material flotante de los amparos.

O sea, desde 2014 se acordó tener un fiscal anticorrupción debidamente apertrechado en un instituto vigoroso y a prueba de cañonazos de 50 mil pesos (bueno, auméntenle los tres ceros que se birló Salinas), capaz de confrontarse con la bestia negra corruptora, vórtice y nicho del destino manifiesto de la patria en vilo. Pues es la hora de esta institución de dudosos cimientos y trabes. Y peor aún, se ha pospuesto tres veces el nombramiento del famoso fiscal (seguramente es un puesto que tienen reservado para los probos Moreira o Betito Borge).

Tan así las cosas que cualquiera diría después de un somero análisis del comportamiento de Donald Trump, que es la mejor imitación de un político mexicano que se pueda ver al otro lado de la frontera. Cuando lo acusan de algo inmediatamente apela al estado dederecho, se hace la víctima y acusa a la prensa de confeccionar fake news a sus costillas; nunca es responsable de nada y le echa la culpa a quien estuvo antes que él.

A ver si con el artista Moby, que dice tener pruebas fehacientes de que Putin lo está extorsionando con videos que hacen ver al mítico de la “lluvia dorada” (supongo que se encerró con 18 cosacos y unas matrioshkas en Siberia, además de una turba de enanos y unas cabras bielorrusas), el Donaldo se pone peor que Fidel Herrera sin amparos.

Ya lo único que podría devolvernos algo de fe en las instituciones sería ver a todos nuestros legisladores imitando a la muy didáctica delegada de Iztapalapa, javiduvianamente hablando.

jairo.calixto@milenio.com
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