Política cero

'Javidú' como el nuestro no hay dos en la vida

Cómo no van a querer que regrese uno borracho de angustia luego de ver la audiencia de Javidú en Guatemala, donde lo amarraron como Porky en un acto totalmente anticlimático, desprovisto de sentido del espectáculo y del glamour. Y en un lugar que parecía un ministerio público de la Nueva Atzacoalco, sin ningún sentido escenográfico ni de la exposición mediática, menospreciando así las dimensiones históricas de este hecho judicial de trascendencia superior.

Por lo menos me lo hubieran presentado, dados sus conocidos apetitos y voracidades, como Hannibal Lecter, con un uniforme naranja, encadenado de pies a cabeza, una máscara siniestra en el rostro, debidamente trepado en un diablito como de la Central de Abastos. 

Esto como si no tuviéramos suficientes pesares con lo de Luis Miguel (no por raparse las cejas y quedar más gacho que Daddy Yankee, sino por querer jugarle chuecho al Potrillo, quien, a pesar de que se la pasa más en el agua que Jelipillo Calderón, tiene un ojo en el pomo y otro en el business are business), todavía hay que aguantar éstas y otras cosas.

Era para que Javidú, ante la displicencia de las autoridades guatemaltecas, que no le dieron el trato que realmente merecía, se hubiera puesto como Arjona, ese poeta de las cuatro decadencias que armó un escándalo en CNN solo porque descubrió, a través de las preguntas incisivas del señor Egaña (al que el cantautor puso el mote de “Engaña”, en un alarde de ironía), que no era monedita de oro y que tiene una buena cantidad de críticos que no celebran sus hallazgos musicales.

Increíble. Por eso las canciones del artista guatemalteco deberían retumbarle en los oídos a aquellos que se atreven a asegurar, al estilo de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana del Inegi (que de manera temeraria contradice al gran Eruviel Ávila y al licenciado Peña), que Ecatepunk es la ciudad más peligrosa del país. Por fortuna, con la señorita Paloma Merodio en esa institución ya no se verán esa clase de resultados.

Como quiera que sea, fue una tranquilidad que Duarte apareciera con un bonito corte de pelo (al menos no quedó como los tres Aburto) y luego se negara a ser extraditado a México. Sobre todo porque acá lo iban a poner junto al Mochaorejas y después le iban a echar la culpa, como Yarrington, del asesinato de la democracia, el estado de derecho, el pacto social, y también de algún candidato como Torre Cantú, según ha dicho la DEA. O, peor todavía, de quererle echar a perder las elecciones a Del Mazo Maza, el rey del bot sudamericano, dicen.

No estaría mal que, de todas maneras, el pueblo mexicano en general y el veracruzano, en particular, le manden a Javidú un chile serrano, un cuaresmeño y un ancho, a ver cuál le embona.

Javidú como el nuestro, por fortuna, no hay dos en la vida.

jairo.calixto@milenio.com

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