Política cero

La inflación es una metaficción


Es  muy deprimente que no haya sentido de unidad en este país como para que todos estemos unidos alrededor del licenciado Peña  que, a pesar de ser responsable del timón y no de la tormenta, como  diría Jolopo,  se esfuerza por enfrentar con sincera valentía la pequeña crisis que  hoy es un reto para su administración. Por un lado tenemos a la  Coparmex, que quería que le mandaran los documentos ocho días antes para  estudiarlos concienzudamente (o sea, esto es México; si no nos gustara  tanto la improvisación seríamos suizos); por el otro, al dotor Mancera, que solo ve puras buenas intenciones, pero nada aterrizado  (como aterrizados están todos los programas y proyectos que tienen a la  CdMx casi al nivel de Londres). Y eso sin olvidar a Margarita Zavala, a  la que nada le gusta y que para resolver los problemas nacionales seguro  aplicaría los minigasolinazos que hicieron célebre a Jelipillo tanto como su narcoguerra; o a El Peje, que nomás está tendido en su hamaca esperando a que lo culpen hasta del cruzazulazo del América.

Ya en el colmo tenemos a Gurría, el inolvidable Ángel de la dependencia,  que desde la OCDE afirma que México se tardó mucho en quitarle los  subsidios a la gasolina, pero no explica por qué no hizo lo propio  cuando fue el secretario de Hacienda más tecnócrata y salinista del que  se tenga memoria.

Eso  en vez de apoyar el plan de la presente administración para sacar al  buey de la barranca, sin importar que éste consista fundamentalmente en  hacer lo que de por sí tiene que hacer un gobierno con o sin crisis:  fortalecer el desarrollo, administrar bien los recursos, decirle no al  dispendio, luchar contra la corrupción, apuntalar los sistemas  productivos y luchar contra los intereses mezquinos.

O  sea, el hecho de que este esfuerzo esté inspirado en los pactos de De la Madrid-Salinas-Zedillo, no es razón suficiente para descalificarlo.  Antes al contrario, ya es momento de que Videgaray, el aprendiz que sabe  que echando a perder se aprende, busque quiénes van a interpretar el  tema musical como en los años ochenta. El grupo, que deberá tener a  Anahí, la Legarreta, Gloria Trevi, la versión virtual de Juanga y Jenny Rivera, tiene que ser necesariamente encabezado por la culta Carmelita Salinas con una estrofa que, con ciertas deudas a Maluma,  Shakira y Ricky Martin, diga reguetoneramente: “El que tenga coche que  lo mantenga, no hay de otra, mano”, mientras se echa aire con sus vales  de gasolina cual fan de Daddy Yankee. La cosa es jalar parejo y demostrarle a la realidad, que no sabe de revoluciones institucionalizadas, que el gasolinazo es una cosa esplendorosa, que la inflación es una metaficción y que la canasta básica es verbo, no paliativo.

Y si no que Reynoso Femat, ex góber panista que pasará en el tambo seis años por birlarse seis mdp, os lo demande.

jairo.calixto@milenio.com
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