Política cero

La ilusión viaja en tranvía

Al ritmo de por qué se fue, por qué huyó, por qué el señor de Almoloya se lo llevó, se desmecató el sospechosismo por el traslado del Chapo Guzmán a un penal fronterizo, como si se hubiera vuelto a escapar por un agujero profundo y negro como su suerte. Algunos hasta suponían que la hora de la extradición había llegado y que terminaría sus días en un agujero de Alabama como en película carcelaria de Silvester Stallone, para que luego de despepitarlo todo terminara como Ray Liotta en Buenos muchachos, metido en un programa de testigos y viviendo en los suburbios como cualquier hijo de vecino sin Kate ni Sean ni Bucanas.

Muy telenovelera la cosa. Creo que todo es más sencillo; en realidad se llevaron al Chapo Guzmán del Edomex no solo para que no le pegaran las mañas los del grupo Atracomucho, sino porque al ser uno de los presos más simbólicos de todo el sistema penitenciario nacional (aún por encima de la maestra Gordillo y toda la familia Granier, y los 2 mil 500 presos que esperan a ver a qué horas el Congreso aprueba las nuevas normas para la mariguana y al fin puedan salir para dejarle espacio a todos los políticos y funcionarios que habrán de ser entambados si algún día toma forma el Sistema Nacional Anticorrupción) no se puede permitir que le pase algo. Deja tú que se vuelva a escapar (en el fondo sabemos que regresará pronto como un ave que regresa a su nidal), la verdadera bronca estaría en que por alguna extraña razón debido a la cercanía con la CdMx que le dé alguna enfermedad irreversible relacionada con la contingencia ambiental. Ya me imagino: traerían al GIEI ante los alaridos tremebundos de sus críticos que se nos ponen muy mal con cualquier cosa que le pegue a la verdad histriónica; Aurelio Nuño Artillero le echaría la culpa a los chicos del IPN que son sus nuevos enemigos; y El Bronco exigiría un SOS al Ejército y a la PF, mientras estos ofrecerían de antemano disculpas por las torturas que se pudieran suscitar en los operativos.

Esta clase de cosas, como dice Billy Álvarez del Cruz Azul, que primero cruzazulea y luego verigüa, ilusionan. Igualito que ilusiona el PRIcámbrico temprano que para evitar cualquier riesgo de contagio a tan sacrosanta institución, ya corrieron a varios candidatos relacionados con el crimen organizado.

A lo mejor, como con El Chapo, todo es pura ilusión de esas que viajan en tranvía.

jairo.calixto@milenio.com

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