Política cero

El humor social es un mito genial

Mucha razón tiene el licenciado Peña cuando afirma, categórico, que tenemos un país para presumir (en lo particular me gusta alardear entre los turistas que en Pueblos Mágicos como los del Edomex la autoridad puede declarar con impecable espíritu cartesiano que es “normal” tener gente inocente en la cárcel porque es parte de las estadísticas), y que a pesar de lo que digan los sospechosistas y los resentidos que solo ven frijol con gorgojos, México avanza.

Uno de los signos de tales niveles de desarrollo tienen que ver, por ejemplo, con la capacidad de movilidad, sobre todo de los padrones electorales que, a diferencia de otras naciones, sin duda más aburridas, agarran por su cuenta las parrandas y pueden aparecer en Amazon para beneplácito de quienes quieren saber y cómo es él, en qué lugar se enamoró del PRI. En ese sentido es muy bonito que en el INE, hasta el momento de escribir esta columna que tiene algo de cruz y del Pantera, el INE había detectado que un partido político fue el culpable de la filtración de tan significativo documento. Las lenguas viperinas quieren cargarle el muertito a Nueva Alianza solo por sus promocionales, donde le rinden homenaje al ya legendario grito que en los estadios le propinan al portero en cada saque de meta, en un acto que quiere ser rudo pero termina por recalar en lo cursi. No creo que sea para tanto, pero no estaría mal que los multaran nada más por resucitar al ChikiliQuadri. ¡Qué culpa tienen el público conocedor!

Como sea, México es un país a todo dar, enriquecido con vitaminas y fierro, donde existen lindas personitas como la seño Legarreta, que inspira a cientos de personas con su cultura y sentido social, y que para documentar su vocación de servicio ahora le dio por defender al Julión Alvarez en contra de las mujeres que se niegan a trapear como dictan los cánones. Seguro que en cualquier momento va a  hacerles el paro a los del GIEI, aunque ya haya dicho don Beltrone que no aportaron nada nuevo. Y tiene razón, lo de la tortura ya lo sabíamos, al igual que sobre los métodos de investigación de la PGR a los que de manera tradicional en sus tupidas capacitaciones no se incluye ni una embarrada de los Hardy Boys ni de Peter Pérez, el detective de Peralvillo.

Digo, hay que reconocer algo tan siquiera, nomás falta que los del GIEI digan que hubiera sido más fácil trabajar en Chernóbil que en el basurero de Cocula. Bueno, la radiación se parece mucho a la infiltración del crimen organizado en el aparato de seguridad guerrerense, pero no te sale un tercer ojo y, cuando mucho, puedes acabar en una bonita narcofosa con vista al bar.

A pesar del humor social —ese mito genial— México avanza y no se cansa de tanta pinchi transa.

jairo.calixto@milenio.com

www.twitter.com/jairocalixto