Política cero

Por una hipocresía sin adjetivos

En México la hipocresía es un deporte que se practica con singular alegría. El problema es que la tarea no se acomete con profesionalismo sino con caprichosa y arbitraria especulación. No se responde a un mínimo ya no digamos de certeza jurídica, sino de llana verosimilitud. Ahí tenemos a Madero y Cordero que entre más prometen entregarse a una contienda civilizada, su lucha por el PAN se pone cada vez más barbajanesca; tan así que se sabe que ante la falta de orden y progreso, los barristas y grupos de animación del panbol nacional se horrorizan ante la contienda blanquiazul. También en el PRD vemos cosas de suyo grotescas como la advertencia de Bejarano sobre la posibilidad de fractura si Los Chuchos arman su maximato, cuando ha hecho muy poco por impedirlo, ni arrojándoles siquiera un mendrugo de ligas.

La hipocresía para que valga y sea creíble tendría que ser menos burda y más compleja. Por ejemplo, las reformas secundarias en telecomunicación están construidas con tal cantidad de tecnicismos y bruñidas con tamaños y recónditos intersticios de sin razón, que según el ánimo histérico, histórico y de conveniencia de sus intérpretes puede significar el paraíso o el infierno. Por eso vemos a ambos bandos ponerse peor que Fox cuando afirma, tras guardar silencio y conjugar complicidad, que el sexenio de Calderón fue una narcofosa, para luego ganarse el premio al Padrastro del Año al defender a sus hijastros de las insidias. Unas criaturitas que para ganarse tales aprecios deben ser, mínimo, de la estatura moral de don Amado Yáñez, dueño de Oceanografía: a pesar de tener diez años sin ver ni mandarle un recadito a su mamá, ella metería las manos al fuego por el vástago y asegura que es bueno, santo y puro.

Como sea, las reformas secundarias son tan laberínticas que unos pueden exaltar su patriotismo y otros su traición. Y mientras se da la rebatiña por la gracia de la preponderancia, comienzan a caer canales y sistemas de comunicación, como Kike Plancarte por la vía de la preponderancia y a la salud de la uniformidad.

Eso sí, entre los más destacados en materia de hipocresía son los fanáticos de Octavio Paz, aunque por su naturaleza cualquiera diría que, en efecto, lo son, pero de Espinoza Paz, como diría el gran @tachonauta. Por eso vemos grandes panegíricos al poeta sin el mínimo esbozo crítico. Ahora resulta que nuestros connacionales estaban más interesados en el centenario de Paz que en el partido México-USA.  Simplemente hipócritas.

jairo.calixto@milenio.com  

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