Política cero

“Me gusta ser la Miley Cyrus mexicana”

Y no lo digo yo porque no se me da ni nadie lo apreciaría eso de encuerarse a la menor provocación sacando la lengua. Por supuesto, la frase de marras la pudieron haber dicho esos presidentes municipales que con tal de salir en la tele y que su historia pase a los corridos y al reguetón, cometen toda clase de actos tenebrosos más regidos por el ego que por la ambición —la sobredosis de impunidad que le altera la neurona a cualquiera—, como es el caso de los Abarca de la Parca, munícipe veracruzano que le dio por ultimar a un periodista nomás porque se sentía criticado, o alcalde tabasqueño que solo por el fuero no fue entambado por violar una niña, o al otro distinguido personaje que ya iba para gobernador hasta que se descubrió que era el Scarface Región 4.

Esto quiere decir, acá entre nos, que al momento de elegir un candidato o colocar a un funcionario o reclutar al personal con derecho a dirigir vidas y haciendas, es indispensable mucho antes que checar sus antecedentes, sus lazos con el crimen organizado, el conocimiento sobre el buen gobierno o muy pocas tendencias a la corrupción y al enriquecimiento inextricable un asunto fundamental: cerciorarse de que tengan la piel dura, el alma de teflón, que no sean rencorosos ni vengativos y, por supuesto, que en sus almas llaneras no se albergue un pequeño psicópata egomaniaco.

Digo, que roben “aunque sea poquito”, como el legendario munícipe de San Blas, pero que no tengan complejo de Gengis Khan.

Como quiera que sea, tampoco fue Florence Cassez luego de recibir el comentario de Felipillo Calderón a su demanda “absurdo” aunque pudo haber espetado un muy galo “¡Sacré mexicain!” mientras junto con su abogados decide las estrategia para llevarse a toda la panda de funcionarios calderónicos con los trentaitantos millones de dólares a michoacanazo limpio.

En efecto y en su defecto el “yo soy la Miley Cyrus” lo expresó con el mismo talante con el que confunde la gimnasia con el saiote y a los héroes de la independencia con los de la Revolución, Cristian Castro.

Y es que ya hay que hablar de otra cosa. Más aún después de la conferencia de prensa del Procurador, quien aparentemente hoy no se cansó, ya podemos dormir tranquilos pues ya hay “certeza legal” de que los normalistas murieron como la PGR había vaticinado en el guión. Si dice el licenciado Peña que no hay que quedarnos atrapados en lo de Iguala, debe tener razón.

Espero que haya presupuesto suficiente para que nos den terapia y Prozac para todos en las pesadillas de la canasta básica.

jairo.calixto@milenio.com

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