Política cero

Un guión para Cantinflas

La próxima película de Cantinflas debe ser un poco más atrevida y menos timorata para aspirar a la nominación al Oscar que se le negó este año. Y como no se quiere hablar del Cantinflas siniestro que era como el Salinas de Gortari de la comedia nacional, hay que buscar nuevos argumentos. Por supuesto no se le puede mandar al espacio en una misión para bajarle las molduras a las naves de los chinos estilo Cuarón, ni meter al personaje en una historia de Raymond Carver cuajada del sórdido desencanto ahí, donde está el detalle, porque González Iñárritu tiene todos los derechos sobre las criaturas autodestructivas.

Entonces, la nueva historia de Cantinflas sería Si yo fuera diputado chapulín, donde el protagonista ve con terror que ya se le acaba su periodo legislativo y adicto al fuero, la dieta y la curul por su partido tricolor que anuncia desde su regreso al poder que “En este pueblo no hay ladrones, hay cabrones” y luego de andar de picos pardos chocando camionetas prestadas por los proveedores, y en espera de un crédito Higa sido como Higa sido, pide licencia para cumplir el viejo adagio que dejara con letras de oro en San Lázaro el presidente del PRD en el DF: “Tenemos derecho a buscar otros cargos”.

Más ahora que el personaje ya se vio, junto con la Chupitos, que es su compañera de fórmula, protagonizando una buena tajada de los 26.5 millones de spots que se derramarán sobre la ciudadanía como lava ardiente sobre los habitantes de Pompeya. Nada como transmitirles a los votantes con el espíritu feroz del cantinfleo, la dicha inicua de la promesa conculcable y destinada a la procrastinación sin adjetivos, a través de cápsulas sensibles y beatíficas reflexiones, cartitas a Santa Clos y proyectos de naturaleza guajira.

Un candidato supuestamente candidote que en un jocoso sketch, cual chapulinazo se enfrentaría a Juanito por Iztapalapa, al ser desechado se iría por una pluri en el PAN y al final se decantaría por competir por el PRD por Guerrero luego de que nadie quisiera ser efebo de Ángel Heladio.

Luego declararse mirrey-virrey de la Roqueta, donde gobierna desde una hamaca blanca, Cantinflas al ritmo de no hay derecho joven, se convierte en zar Anticorrupción cuando se da cuenta que los de Ficrea le aplicaron la moreiriña sin morriña.

Éxito asegurado.

 

jairo.calixto@milenio.com 

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