Política cero

Más y mejores "gasolinazos"

Quizá por haberme alejado del bullicio de la falsa sociedad para reflexionar en estas vacaciones decembrinas sobre por qué la gente considera al Tuca Ferreti, siendo que maneja el Ferrari que tiene por equipo cual si fuera un carrito de paletas, no me di cuenta del asunto del gasolinazo (nota bene: dícese de un aumento manchado en el costo del preciado líquido por parte de un gobierno, que había prometido que el gasolinazo sería una cosa muy del pasado, como el Fobaproa, la devaluación del peso, la venta de garaje de Pemex y las canciones de Timbiriche, que pone a la gente muy ciberpunk, como de película de Mad Max en su afán por conseguir aunque sea un mendrugo de combustible) hasta que fue demasiado tarde y la gente mandaba encendidas cadenas guerrilleras por las redes sociales llamando a tomar gasolineras ante el desabasto y los altos precios.

Un fenómeno que en sí resulta muy contradictorio, en particular porque se necesita ser muy ingenuo como para que habiendo vivido lo que hemos pasado desde que Jolopo prometió que no nos volverían a robar, todavía haya quien le crea en serio cuando un gobierno afirma que no habrá gasolinazos. De hecho, cuando se promete tal cosa, el gasolinazo está más que asegurado.

Pero lo más desconcertante es que hubiera un escándalo nacional por algo que no había en existencia, que es igual que perder el tiempo buscando a un góber honesto al final de su sexenio.

En ese sentido hay que ser como el amigo Layín, que en vez de preocuparse por pagar las deudas a los trabajadores de la alcaldía de San Blas, y luego de robar poquito, se armó un pachangón para su cumpleaños que no lo tuvo ni Rubí, donde pudo sacar la escoba para bailar las de Julión y escanear lascivamente a Maribel Guardia ante un público que lo miraba con algo de envidia, estupefacción y asco.

Por eso y muchas cosas más, es una lástima que por andar en la vagancia reguetonera con perreo incluido no haya podido conocer hasta ahorita una de las frases más memorable del doctor Meade —que no Mid, porque es un poco cursi— que han contribuido a explicar el advenimiento de la prosperidad y el bienestar para la gran familia mexicana: “Con el gasolinazo ganarán nuestros hijos”.  

Sobre todo porque en estos primeros días del nuevo año, todos crudos y turulatos, sin el gasolinazo no tendríamos de qué platicar. Algo que debemos agradecer. El gasolinazo, debido a las alzas de precios que producirá —pobre Carstens, con lo que se cuidó de la inflación— en la canasta básica, nos llevará al triunfo en contra del sobrepeso y la gordura que la vitamina T nos había proporcionado.

Lo bueno no se cuenta, pero cuenta mucho. Entre menos tacos de suaperro, menos triglicéridos y colesterol.

¡Queremos más y mejores gasolinazos, y los queremos ahora!

jairo.calixto@milenio.com

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