Política cero

¡Hasta el gasolinazo siempre!

Siempre he creído que para ciertas cosas siempre hay que recurrir a los profesionales, sobre todo cuando los improvisados y los espontáneos suelen dejar rastros de su falta de talento, experiencia y pericia. Por eso, de la misma manera en que no quisiera que un fontanero escriba mis textos –aunque a veces parece que en efecto así sucede—, yo nunca me avoco a destapar las cañerías previendo resultados desastrosos.

Digo, en ese sentido, aunque es admirable que el licenciado Peña apoye a su carnal Videgaray, no estoy tan seguro que llevarlo a la Cancillería sería como dejar a Camacho Quiroz como vocero del PRI para que explique el gasolinazo. En vez de decir que sin gasolinazo se acabarían las vacunas, mejor hubiera donado algunos relojes de tablajero para financiar déficit presupuestal. 

Así, a la luz de este espíritu, no pude sino mirar con cierta repulsión los actos vandálicos, los saqueos y el atraco desatado en estos días para condenar algo como el gasolinazo que sin duda será muy beneficioso para las futuras generaciones, sobre todo aquellas que no dependerán de los hidrocarburos para transportarse de un lugar a otro. Y no lo digo tanto por la histeria colectiva que con tanta facilidad puede desatar un meme hecho con las patas, unas grabaciones apócrifas que llaman al incendio y el atraco  y esos tuits francamente melifluos e inverosímiles (nada más faltaba que acabaran con el clásico “El patrón ya dio la orden”), sino por la manera tan triste en que estos atracadores de ocasión, resentidos sociales de poca monta y oscuros emisarios de la provocación chafa se metieron a negocios y tiendas de conveniencia a usurpar funciones de una manera tosca, vulgar, de pésimo y artesano gusto. Era tal el caos y la falta de orden y progreso que hasta los policías del Edomex que atinadamente gobierna el chapitas Eruviel, usaban sus camionetones para llevarse la mercancía mal habida en un ejercicio muy corriente.

Así no se puede.

¡Qué vergüenza!

Teniendo tan admirables profesionales de la cleptomanía que no requieren de violencia ni de discursos incendiarios para robar como nuestros ex gobers petochos que siempre atracan conforme a derecho, ¿cómo es posible que protagonizaran tan innobles acciones desprovistas de glamur?

Y aunque hay gente muy miserable que afirma haber visto a Javidú Duarte, Betito Borge, al profe Moreira y varios más que, entusiasmados por el pillaje (hasta yo quería unirme a esos saqueadores que se entrenan en Atlacomulco), se llevaban en andas pantallas, centros de lavado y muñequitas Barbie (lo cual debe ser falso porque ellos solo se llevan cosas de 50 millones para arriba), no podemos permitir que su legado sea banalizado por una turba salvaje.

De ahí la necesidad de que nos den cursos propedéuticos sobre cómo saquear con estilo y dignidad.

¡Hasta el gasolinazo, siempre!

jairo.calixto@milenio.com
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