Política cero

La "gaboseñal" y la inmobiliaria del "Titanic"

Es muy probable que Gabriel García Márquez haya ejecutado su hoy legendaria gaboseñal, primero para saludar a aquellos buitres que ya lo daban por muerto y, segundo, para manifestar su descontento con aquellos gobiernos que a pesar de ser avisados de la proximidad de huracanes que traían en su interior arrebatos naturales muy macondianos, no tomaron las debidas precauciones para salvaguardar a la población ni a los turistas y que ahora se ensucian apuradamente las guayaberas para taparle nomás el ojo al macho.

Ahora sí, el gobernador de Guerrero, Ángel Aguirre, exige una investigación sobre aquellos que permitieron construir hoteles y casas en zonas no aptas más que para lo silvestre y natural. Qué raro que con su experiencia no hubiera al menos detectado esta versión inmobiliaria del Titánic.

No estaría mal que parte de esos 100 mil dólares donados por el papa Francisco para apoyar a las víctimas de la tragedia meteorológica, sea ocupada para funcionarios, burócratas, alcaldes y góbers preciosos que atiendan las advertencias de Conagua y Protección Civil. Solo esperemos que a diferencia de las donaciones de los mexicanos y de los recursos del Fonden acá las despensas no se hagan perdedizas.

Digo, no es que no sea una venerable tradición mexicana superar todos los modelos lógicos en materia de ingeniería para pergeñar castillos en el aire, aeropuertos donde es imposible aterrizar y carreteras trazadas prácticamente con las de caminar, pero debería tener sus límites. Sobre todo porque se presta a pésimas interpretaciones, pero de incompleto y chafa Atlas de riesgos que dejó el calderonismo.

Y es que el gran problema de México no es la corrupción que se filtra en las porosas estructuras de la ley. El tema debe ser médico, pues todo parece indicar que debido a una especie de tortícolis selectiva, todos decidieron voltear hacia el otro lado mientras se levantaban complejos arquitectónicos sobre pantanos y cuencas donde de manera natural hacen su nido los barruntos del mar.

Ahora que al góber Aguirre lo escucho asegurar que habrá de reconstruirse La Pintada, me da miedo pensar que son capaces de hacerlo en el mismo lugar.

Lo bueno es que con el jugoso recorte que Peña Nieto le piensa aplicar a la cultura –que además ni sirve para nada– estas historias ya no volverán a pasar. Ni modo de recortar a los senadores que tienen a toda la parentela en la nómina de la cámara alta.

Ni la gaboseñal lo permita.

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