Política cero

‘Frida’ y los políticos

El otro día conocí a Frida, símbolo del heroísmo y la solidaridad, y pude ver cómo la gente babeaba y sonreía a su alrededor, mereced a su leyenda de especialista en el rescate de víctimas en las situaciones más intrincadas y adversas. El aplauso y la ovación, el reconocimiento y la admiración con la que cualquier político soñaría, solo que no están dispuestos a emprender el trabajo y el espíritu de sacrificio que ello implica.

La confianza y la tranquilidad que genera Frida con sus doggles, sus botitas y su identificación de la Marina es inversamente proporcional al desdén y la desconfianza que generan los políticos.

Fue ahí donde me hice una pregunta que muchos también deben estarse haciendo: ¿habrá manera de recuperar la confianza que desde el 19 de septiembre se me perdió? La verdad, no tengo idea, porque justo en este momento, al igual que el resto de los compatriotas, desconfío prácticamente de todo y de todos. Y no porque, como dicen algunos moralistas de dudosa procedencia, todo sea culpa de las redes sociales, donde bullen las fake news y se alimenta el desaliento frente al ogro nada filantrópico del Estado mexicano. No. Hemos convivido tanto con los javidús del mundo, que todo nos parece sospechoso. Como la idea del PRI de renunciar al financiamiento del INE que, al estar rodeada de la tenebrosa autocomplacencia mediática de Ochoa Reza y Gamboa Patrón, se convierte en algo que hiede al más vil oportunismo.

A ver, si la intención fuera buena y realmente noble, ¿por qué no hicieron como aquellos que, desde el anonimato, le proporcionaron camiones a la gente para que se protegiera de la intemperie, o como aquel que vestido de Batman, sin revelar su identidad, regaló juguetes y alegría a los niños trepados en su Batimóvil? ¿Por qué diantres los choznos de don Plutarco tenían que organizarse un circo mediático?

Sobre todo si pensamos que lo que se carrancearon los góbers preciosos del tricolor equivale a 25 veces lo que se perdió en estos días aciagos y telúricos.

Y lo peor es que las instituciones gubernamentales, los funcionarios, los políticos federales, estatales y de la CdMx, se sienten hasta ofendidos porque la ciudadanía desconfía de ellos como si no se hubieran ganado a pulso ese desprecio cada vez que tratan de recibir el aplauso del público conocedor mientras buscan cámaras y micrófonos, el comentario de los editorialistas complacientes y el aprecio de los jóvenes del coro fácil.

Ahí tienen a Graco Ramírez y a su señora instalados en el melodrama ranchero en los medios, solo porque los acusan de trácalas y especuladores y nada más les falta hacer huelga de hambre como Betito Borge.

Mientras acariciaba a Frida y me llenaba la cara de lengüetazos, pensé que entre más conocía a la raza maldita de diputeibols más la apreciaba a ella, que bajo los escombros es capaz de encontrar vida.

jairo.calixto@milenio.com
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