Política cero

¡Señores capitalistas!

Así hablaba Fideltrusta cuando se dirigía hacia el adversario fundamental, los señores capitalistas que amenazaban con acabar con los barbudos que habían osado desafiar el poder infinito de la plutocracia que se bañaba en las aguas negras del imperialismo, se alimentaba de recetas secretas y de la explotación del proletariado, del lumpenproletariado y del proletariado sin cabeza (“¡meto los pies en agua!”, gritaría acá la masa paupérrima que primero alburea y luego hace la revolución permanente).

Por más que acusen los neoliberales disfrazados de liberales a mi comandante de ser un sátrapa, habrá que ver hoy quién es el guapo metrosexual-hipster-vintage-vigoréxico-millenial que, a punta de cojones, se va a enfrentar no al Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional, concanacos o concanaquines, sino al Donald Kong que tiene amenazado a medio mundo a punta de furibundos y kukuxklanescos arrebatos de bulleador de Sevilla.  

Por eso es que me gustan los anticastristas cuando callan, porque están como ausentes. Lástima que esta vez, con la muerte de mi comandante Castro, las cosas no sean así. Sobre todo porque se ponen muy locos, como Donald Trump, quien acusa a Fidel de ser un “dictador terrible”, viendo que sois la ocasión de lo mismo que culpáis, y cuando por sus antecedentes como el más admirado y mediático capitalista salvaje (que por donde pasa solo crece la hierba en sus campos de golf y por eso el gobierno mexicano deberían apoyar a los escoceses que se resisten, inspirados en la bandera mexicana, a pagar un muro trumpista), todo indica que durante su reinado en el Game of Trumps hará ver a Nerón y a Pinochet, no se diga a Nixon y el ex sheriff Arapio, como si fueran émulos de Mahatma Gandhi.

Lo bueno es que en una de esas, cuando acabe el recuento del voto por voto, casilla por casilla que le están aplicando al magnate en ciertos estados clave (todo indica que él, como George-Jeb Bush, recurrió a los servicios de alquimistas electorales, mapaches amaestrados, embarazadores de urnas y amos del ratón loco de onda tricolor), no lo dejen entrar en la Casa Blanca —en la de la Gaviota, claro.

Como quiera que sea, era lógico. Así como la historia no absuelve a nadie, ni a Fidel ni a ninguno de esos que anunciaron con gran ingenio que la historia iba a absolver a Castro Ruz (menos a Vargas Llosa y su séquito de perfectos populistas ultraderechosos latinoamericanos), era previsible que todos sus detractores, que antes de señalar rabiosamente contra él al ritmo de Gloria Stefan ponen la carita compungida de Joani Sánchez, salieran a festejar en su Little Havana mental.

Lo que sí tiene nivel de rudeza innecesaria fue la llegada de Charly Salinas a las exequias del comandante, todo con la clara intención de acabar de desprestigiarlo. No se vale. #HastaLaVictoriaSecret.

jairo.calixto@milenio.com

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