Política cero

Eva Cadena ataca de nuevo

No sé a quién admirar más, si a Donald Trump o a Eva en pena que va arrastrando Cadena. El primero con su don para la empatía y el humanismo, cuya más reciente gira ha sido como la versión red neck de Un naco suelto en Uruapan, digo en Europa, donde dejó una impronta fabulosa, no solo al llegar a la OTAN como Juan Camaney diciendo “Pego duro, masco chicle, trago tuercas y tengo viejas de a montón”, para luego rayar con sus coscorrón el fino mármol del Vaticano, sino al declarar muy orondo que el Papa es un ser humano muy humilde “muy parecido a mí”.

La segunda, la gratísima Eva, con una indudable habilidad política para la construcción estandopera de videos para toda ocasión, el último de los cuales resuelve todos los enigmas sobre el origen de los dineros y las personas que la metieron en líos (acusó a Rocío Nahle, de Morena, quien negó haberla visto desde el primer videoescándalo para luego señalar a Ana María Winkler, hermana del fiscal de Veracruz, encargada de entregarle el dinero en primera instancia a doña Eva, un guion que parece sacado de las películas de Eugenio Derbez, donde solo falta un padrote que se dedique a ligarse políticas incautas), de una manera tan eficaz mediáticamente hablando, pero con muy poco sentido del timing. Cómo voy a creer que la Cadena de amarguras y sus amigos se tomaran tres semanas para armar esta producción, donde de nuevo queda de manifiesto su falta de sentido narrativo y de aprecio por el buen espectáculo. Parece capítulo de La piloto pero sin tacones lejanos.

Entre Donald y Eva hay algo, con tendencia a llegar a algo. Si ambos juntaran sus superpoderes sin duda crearían al ser más alucinante del universo, incluso más fuerte que todos los huachicoleros juntos, los verdaderos culpables de la debacle de Pemex y no las pésimas administraciones prianistas, el atraco de los charros sindicales, la espléndida presencia de Robero Deschamps y demás criaturas del averno petrolero a la salud de las reformas estructurales.

Estas reformas que han sido tan útiles, que ahora, según ha dicho el Banco de México y por una serie de razones embaladas en algo remotamente parecido al español, tenemos un déficit de 6 mil 800 millones de dólares que nadie sabe, nadie supo. Seguramente le van a echar la culpa a Delfina, que se quedó con esa lana para su campaña.

Como quiera que sea, está muy bien toda esta guerra sucia electoral porque nos tiene bien entretenidos porque ahora ha llegado al nivel de huevazos al Peje que es, felizmente, lo único que nos faltaba.

¡Qué bueno que a Alfredo del Mazo no le va a pasar nunca eso no solo por ser como Pimpón, sino porque tiene 800 guaruras alrededor!

jairo.calixto@milenio.com
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