Política cero

“Edy, Edy solo baila para mí”

Al ritmo del clásico de Angélica María, “Edy-Edy”, el admirable Betito Borge que se pelea con Javidú Duarte el liderato en el “Manual de satrapitas”, llevó su Edipo Rey maltratado a niveles insospechados cuando en un acto que hubiera horrorizado a Sófocles, convirtió a su jefecita en prestanombres en su loca acumulación de terrenitos mal habidos en la Riviera Maya. La señora, rindiéndole un homenaje a Sara García en Cuando los hijos se van, no pudo menos que aceptar la oferta de su vástago que no pudo rechazar, y aceptó formar parte de los teleofertones en bienes raíces que el gobierno de su muchacho organizó solo para los cuates de confianza en su vendimia de la reserva territorial de Quintana Roo. Aunque junto a Humbertus Moreira todos están chavos: a pesar de la leyenda que lo precede, en el PRI lo tratan cual Niño Fidencio.

Pero de cualquier manera está tan seguro de sí mismo el señorito Borge que si no fuera porque ahora tiene que estar viviendo en la clandestinidad porque nadie le cree que sus ahorros los quiere repartirlos entre los pobres para no ser menos que el amigo Layín (ya vimos al pintoresco alcalde de San Blas que aceptó que sí robó “pero poquito, porque la presidencia estaba bien pobre”, que anda repartiendo billete entre los viejitos), no le importaría apersonarse en la FIL aunque lo interpelaran como a Margarita Zavala, mientras interpretaba el papel de la candidata.

Cuando has seguido los pasos de uno de tus más célebres antecesores, el inolvidable Mario Villanueva, mejor conocido como El Chueco (aquel que nos tatuó el clásico: “El que no es millonario en Quintana Roo es un pendejo”), y superas las marcas implantadas por los probos hermanos Moreira, tienes todo menos miedo.

Es como Donald Trump, que todos los días expresa una nueva barrabasada y vomita toda clase de ofensas y amenazas nada más para ver qué cara de horror y espanto ponen, cual fanáticos del rebaño sagrado cada vez que a Chivas TV se le cae el sistema. Algo tan sospechosista como el extraño retorno de Monte Alejandro Rubido a la Segob, al que podemos recordar por su extraordinaria eficiencia en el escape del Chapo. Lo mejor es que ocupará el lugar de David Garay (un hombre de estado –aunque debido al mal estado varias veces ha chocado– que le gusta poner en orden a los disolutos con algo de mano dura como en San Quintín), quien dotará de una vena humanista a la Sedesol del señor Luis Miranda, especialista en no entender temas psiquiátricos, en cuanto le enseñen quiénes son los pobres y por qué.

Como sea, no hay duda que ya no hacen madres abnegadas como la de Betillo “Edy-Edy” Borge. A ella le deberían de dar la Belisario Domínguez y que Time la declare “Hombre del año”, en vez de Trump.

jairo.calixto@milenio.com

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