Política cero

¿Improvisado e insuficiente, yo? 

Quién nos iba a decir que la onda retro-hipster-vintage no solo iba a traer de vuelta a Mercurio y Magneto, Jeans, OV7 y Kabah (todo es culpa de las Flans), sino también el inolvidable “precio pacto” que tantos logros generara durante las densas crisis que bien documentaron Miguel de la Madrid, Salinas y Zedillo, en los tiempos en que por decreto todos los sectores hacían fila como un solo hombre para acatar las órdenes del presidente sin chistar ni hacer jetas como ahora hacen los de la Coparmex. Qué mal estamos o qué injustamente baja es la influencia del Licenciado Peña que hasta el momento de escribir estas líneas, que tienen algo de rumbo y certidumbre, los empresarios no querían firmar el pacto, alegando que se los mandaron diez minutos antes pensando el gobierno que estábamos en 1988, cuando la patria se manejaba después de cada saqueo en el Oxxo sexenal como si fueran chuchos perredistas y vivieran bajo el folclor cetemista. En ese sentido, fue bonito ver al nada portátil secretario general de la CTM, auténtico émulo de Fidel Velázquez pero sin gracia, Carlos Aceves, que con su relojote Patek Philippe de chingomil dólares y en su papel de sirena feliz del sindicalismo charro fue uno de los más brillantes invitados en el anuncio presidencial, donde casi casi prometió tortas y refrescos para luchar por la justicia social. 

Por un momento creí que aprecerían Yuri, Mijares, Luismi y demás cantando el clásico “Solidaridad”. 

Grandes recuerdos de aquellos crudos momentos checando las etiquetas de los productos de la canasta básica con su leyenda de “precio pacto”, que eran baratos pero medio corrientes, símbolo de un México idílico aunque jodido, que a los tres sexenios se levanta y anda. 

Yo, la verdad, pensé que después de lo vivido en el Pacto por México del que ahora todos reniegan estas cosas no se iban a repetir, pero tomando en cuenta el sacrificio que ofrece la actual administración de reducirles un apabullante diez por ciento a los altísimos funcionarios, pues no queda más que felicitar ese abrazo solidario. Lo bueno es que para compensar siempre quedarán los vales de despensa y de gasolina, las casas blancas y de Malinalco, porque no se trata de condenar a la clase política a vivir como el proletariado sin cabeza. 

Tan sin cabeza que en su rencor infinito un nutrido pero ingenuo grupo de compatriotas molestos con el gasolinazo querían entrar a saquear la Torre de Pemex; pobres, no sabían que ya se les había adelantado Robero Deschamps. 

Eso sí, mala onda los del INAI, que le ordenan a Pemex revelar cuánto dinero le ha dado al sindicato. Hay gente a la que, como al Guasón, le gusta ver arder el mundo.

Dice la Coparmex que el plan presidencial se les hizo “improvisado e insuficiente”. A ver si no les hacen una oferta que no puedan rechazar, al estilo Donald Trump al ritmo del ¿y usted qué haría?

jairo.calixto@milenio.com

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