Política cero

El convertidor catalítico de la chatarriza

Mientras me como a escondidas y de incógnito una chatarrita que en estos días es más peligroso de portar que una crítica a la reforma energética (ya ven cómo se pone Penchyna, peor que Luis Suárez) profunda nostalgia invade mi pensamiento. Nada más de ver en la nave del olvido, que ya ha partido, a personajes que nutrieron de sobredosis calóricas mi infancia y le dieron su forma a los michelines que adornan mi cintura, me dan váguidos rudos.

Estas inolvidables criaturas hoy satanizadas cual circos con tigres y elefantes (ahí van Melvin, el Gansito, los Pingüinos, Pancho Pantera y el Tigre Toño huyendo de una cacería de brujas que parece  encabezada por Lucerito y el ex mirrey de España) se van con su publicidad a otro lado. Todo para salvar a los niños de los malvados apetitos y condenarlos a una alimentación rica en minerales y proteínas. Y así dar paso a un mundo donde reine el brócoli, las espinacas y el betabel por sobre las golosinas del demonio que los convierten en monstruos con sobrepeso que al final destruyen con sus malestares los presupuestos de las bien administradas instituciones de salud pública.

Lo bueno es que los villanos favoritos del momento desaparecerán del ámbito infantil televisivo y derraparán en los tiempos telenoveleros y deportivos —que por supuesto nunca son vistos por la chamaquiza— para que mientras la dama joven es acosada y los amables aficionados gozan una barrida, los espectadores puedan experimentar la dicha inicua de jambarse changüis de osito que ahora pasará al limbo o antojos de la Tía chatarrosa.

Pobres de nuestros personajes consentidos, van a terminar en el Canal del Congreso o en el Pare de sufrir. Y peor aún, ahora que se aplicó el Hoy no Circula de la chatarriza, de dónde va a sacar Chabelo el convertidor catalítico de la engordadera para su milenario programa. Ni modo que a estas alturas lo pongan a promocionar comida vegana.

Muy pronto, para orillar a los niños a comer solo frutas y verduras los van a amenazar con llevarlos al albergue de Mamá Rosa, o mandarlos a la frontera en calidad de menores no acompañados.

Ya prohibieron el cigarro, los circos, la chatarra, se fue Chiquimarco y las leyes secundarias en telecomunicación y energía siguen tan campantes. Nomás faltan que ahora criminalicen la vitamina T.

¿En qué clase de mundo vivimos como para que Pancho Pantera sea más peligroso que Gastón Azcárraga?

jairo.calixto@milenio.com

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