Política cero

Si no la controla, no la fume

A pesar de su aparente reticencia medieval y en muchos casos producto de haber visto demasiados capítulos de La rosa de Guadalupe y la señito Laura, el gobierno mexicano debió ser el primero en celebrar la decisión de la Tremenda corte sobre la mari-mari-mariguana bugui, en el sentido de darle curso al amparo que permite el cultivo, posesión de la regañona para usos lúdicos y recreativos. No solo porque ahora sí la cucaracha, la cucaracha, va a poder caminar, sino porque sus funcionarios ya no se van a andar quemando como Omar Fayad al declarar que "acatarían" la resolución de los magistrados en un tono neutro muy al estilo del clásico "No somos ni de izquierda ni de derecha sino todo lo contrario".

Más allá de la problemática en materia de seguridad (no se acabará con el narco, pero comenzarán a acabarse los prejuicios de libro de Carlos Catémoc Sánchez), de la posibilidad de acariciar la civilización y abandonar aunque sea tímidamente la barbarie (cada vez que declaran Jara de la SEP y Escobar de la Segob se vuelven candidatos a entrar al Big Brother), abrir la mente y pensar en los valores medicinales de la mariguana (ahí está el caso de la niña Grace, cuyos ataques epilépticos han venido menguando, además de generaciones de abuelitas que han encontrado alivio para sus reumas) o de darle su lugar a la autodeterminación del individuo sobre su propio cuerpo (hasta parece que con eso de que ya todo da cáncer —incluido el sospechosismo— quieren controlar a las masas), las autoridades deben de haber concluido que la despenalización de la mística yerbosa liberaría a cientos de mexicanos atrapados en el tambo por oler a petate o portar medio gramo más de lo permitido.

Al dejar salir a todos estos usuarios criminalizados a la malagueña habría lugar en las cárceles a los verdaderos enemigos de la patria: no los capos ni los funcionarios trácalas sino los maestros de la CNTE que, según se puede vislumbrar por la mano manicurada pero ruda de don Aurelio Nuño y góbers que lo acompañan, ya penden sobre sus cabezas órdenes de aprehensión.

Con las penitenciarías sobrepobladas no se les puede dar la atención que se merecen.

La decisión de la Corte deja mucho resentimiento entre la fanaticada prohibicionista y a muchos agradecidos entre los políticos adictos al Alzheimer selectivo que, gracias a la frase de Woody Allen ("la mariguana produce amnesia, y otras cosas que no recuerdo") ya pueden justificar cualquier cosa.

Entre los mariguanos, como entre los funcionarios, si no la controla, no la fume.


jairo.calixto@milenio.com
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