Política cero

Congoleños en Topochico

En algo casi imposible de creer, de una cárcel del Congo se escaparon 4 mil 500 reos, que vayan ustedes a saber la clase de condiciones en las que vivían como para aprovechar una ventana de oportunidad y emprender la graciosa huida. Un fino espectáculo coreográfico que solo puede ser comparado con el de los cientos de tráileres de los huachicoleros que, así como jugando, se abastecen de las tomas clandestinas y le chupan los combustibles a Pemex, en un atraco en despoblado que curiosamente y a pesar de su esperpéntica rimbombancia nadie había detectado, menos las autoridades.

Ya sabe, no hay peor ciego que el que no quiere ver las caricaturas. O no hay peor ciego que el que plagia como Trump el discurso de Legalmente rubia para ser admirado y querido por el pueblo que hoy lo quiere linchar por andarse disfrazando de matrioshka por órdenes de Putin, que es su dealer en materia de lluvias doradas.

Pero estábamos en que en el Congo se escaparon varias manadas de maleantes de manera destorlongada. Eso no podría pasar en México por las magníficas y hospitalarias instalaciones carcelarias, provistas de toda clase de amenidades y maravillas. Acá el único que se ha querido escapar, por necio y andar correteando a Kate, es El Chapo, pero al disponer de téibol, cantina, baño turco y masaje con calambre, nadie se quiere escapar de esos magníficos centros de alegría y buen humor.

Además, con lo peligroso que está acá afuera, mejor quedarse en los reclusorios bien resguardados, desde donde se puede controlar a las bandas delincuenciales o llamar para extorsionar a los incautos sin problemas.

Jodidos los que estamos afuera, que tenemos que cuidarnos del fulano que madreó a Ana Guevara, que a cambio de 60 mil pesos ya anda en la calle; o podríamos tener la mala suerte de toparnos en una pesera a Alfredo del Mazo y al ChikiliQuadri juntos, seguramente oyendo a Maluma, sintiéndose Nosotros los guapos; o a César Duarte sacando facturas chuecas en Santo Domingo para seguir mareando al SAT, que está siempre enchinchando a los pobres mortales, y que a los peces gordos los deja chambear sin broncas.

Benditos ellos que no tienen que lidiar con candidatos, huachicoleros, Graco Ramírez, las bronquitas del Tuca y El Piojo, la película de Derbez, que seguramente llegará pronto a Cannes, y mucho menos se verán en la penosa necesidad de aguantar las contingencias que el dotor Mancera ataca con Alka-Seltzer. Más o menos la misma estrategia para acabar con la impunidad y los crímenes contra periodistas.

Ya veo a 4 mil congoleños, con todo y su líder narcosatánico, exigiendo llevar su condena en Puente Grande y Topochico, aunque sea infierno grande.

jairo.calixto@milenio.com
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