Política cero

“Chingo a mi madre si no”

Nunca puedes estar realmente a la moda porque ésta cambia en un santiamén apenas medio le agarraste la onda. Se suponía que lo de hoy, lo de moda, de novedad, era formar parte del selecto grupo de personajes que han sido espiados con el Pegasus que, tristemente ya está tan choteado que a estas alturas del partido dicen que lo puedes encontrar hasta en el departamento de carnisalchichonería de La Cómer. Más tarde, para estar in tenías que treparte en alguno de los tantos frentes opositores que se están armando (unos son para acabar con el PRI, otros son para acabar con Amlove, otros para que el PRD no desaparezca y otros para que el PRI pueda incluir a los gemelos diabólicos Duarte y a Betito Borge), y ahora simplemente no eres nadie, estás out, si el señor licenciado don Bronco no te amenaza con demandarte ni te echa de sus conferencias, que son un verdadero espectáculo de seudohumor bloguero para estandoperos remisos o remensos.

Así, hasta te dan ganas de acudir a las giras de este serio aspirante a góber precioso para que, ante la primera oportunidad, te saque a empellones de su show por no llamarlo el Macron mexicano. ¡Eso sí que da caché! Digo, no será como que Donald Trump te corra de la conferencia de prensa como lo hizo con Jorge Ramos, pero algo es algo.

Hasta te puedes poner una playera que diga “Yo sobreviví a un berrinche del Pony” y ser la envidia de tus amigos, incluso de los que ya se subieron al tren del mame y el meme de quienes están vislumbrando lo peor solo porque el dotor Meade anunció que los recortes van a estar perros (menos los rubros donde el gobierno federal puede derrochar en autocomplacencias y frivolidades), pero no por culpa de fallas en las reformas estructurales, claro que no, sino debido a que todos se están dejando el look de Javidú Duarte, que es en realidad un homenaje a Kim Jong-un pero con barbas a la Karl Marx. Eso ha descontrolado los mercados.

Pero hay que apurarse para estar en el ajo, pues al parecer lo de ahoritita mismo es hacer lo que hizo Jelipillo Calderón bajo el influjo del vino de consagrar: pedirle al papa que se pronuncie contra la violencia en Venezuela. Estaría chido seguirle la corriente, al fin que no hace falta pedirle al santo padre que se pronuncie contra la violencia en México (al fin que ya no somos por decreto la segunda nación más peligrosa del mundo mundial. Acá está todo tranquilo).

Además ya se disculpó la Segob, a través de Campa Cifrián, de su incapacidad para proteger periodistas que, por otra parte, como dicen algunos dignos opinócratas, ni falta que les hacía, que todo estaba en su mente paranoica, incluyendo los balazos.

Ojalá el funcionario hubiera prometido que este tipo de cosas no volverán a pasar, rematando como Julio César Chávez ante el asesinato de su hermano, que se encargaría de que el asesino nunca salga de la cárcel: “Chingo a mi madre si no”.

jairo.calixto@milenio.com
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