Política cero

¡Charros, charros!

Ya era hora de que la Unesco reconociera al arte de la Charrería como un bien inmaterial de la humanidad, a pesar de la estrepitosa caída del marido de Anahí, que puso en entredicho las viriles habilidades charras de los mexicanos. Vaya entonces una felicitación a los líderes charros de CTM, la CROC, la CNOP y el Sindicato de Pemex por este magnífico logro para el gremio, reconocimiento que era, sin duda, justo y necesario.

Tanto que han hecho por la patria, además de darse vida de pachás, que ya era justo que se les reconociera su labor en defensa de la clase trabajadora porque siempre han velado por la clase trabajadora. Todos sabemos que hasta al más humilde de los godínez sindicales le falta un grado para darse la gran vida de Gamboa Pascoe y Robero Deschamps.

Ya no se sabe quién defiende más al proletariado sin cabeza, si los charros sindicales o los de la Comisión Nacional del Salario Mínimo (que por suerte ni ellos ni el Presidente saben lo que es ganar el salario mínimo para que vean lo que se siente), sobre todo ahora que esta última, en un afán justiciero, decidió contradecir a la Coparmex. Digo, cómo se atreven los empresarios a querer que el salario mínimo llegue a 89 pesos (se sabe que la masa laboral no sabría qué hacer con tamaña fortuna, ni que fueran Javidú o el qué Padrés que sí saben ser bon vivants), por eso los celosos defensores del salario mínimo exigen que la cosa quede en 80 pesos para que no se alebresten.

Como alebrestados están nuestros compatriotas ante la renuncia de Agustín Carstens al Banco de México, porque creen que nos ha abandonado a la hora buena. Me parece que no, que no es que le tenga miedo a enfrentarse a Trump, ni tiene temor de que las reformas estructurales no sirvan a la hora buena, ni tampoco prevé un desastre de tintes Jolopo-salinistas, y menos está cansado de sus diferencias con el dotor Meade cuando hay que valorar el PIB. No, para nada.

Según dicen las malas lenguas, lo que quiere el señor Carstens es que alguien mejor que él ocupe su lugar frente a los avatares futuros en Banxico. Gente como la señora Legarreta, economista de altos vuelos, o el señor Layín, que al menos roba poquito.

Sobre todo antes que nombre en ese puesto a cualquiera de nuestros góbers que acaban de dejar el puesto y que dejaron una bonita acumulación originaria de desfalcos. Tantos que la toma de posesión de Yunes parecía un capítulo de La rosa de Guadalupe. Igual que la de Murat Jr. en Oaxaca, salvo que lo hizo prácticamente a escondidas en la madrugada en una estación televisiva. Dense de santos que no hizo todo su show en Nueva York, su verdadera tierra prometida. ¡Charros, charros!

jairo.calixto@milenio.com
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