Política cero

No es censura, es tonsura

Mientras nos preparamos para el advenimiento del fin del mundo si llega a ganar Donald Trump (ya veo a todo el gabinete ampliado metiéndose a un refugio antinuclear) y en espera de que algún día agarren a Javidú o al Padrote Padrés, que se deben de haber aplicado la jarocha porque nomás no dan con ellos a pesar de buscarlos con el mismo ahínco con el que le han puesto al caso de los 43 de Ayotzinapa, vale la pena entrarle a un tema que define la estructura mental de avanzada de nuestras autoridades.

Resulta ser que desde la Secretaría de Gobernación se busca ensabanar y desaparecer al estilo pozolero a las series de narcos que se han apoderado del mercado televisivo, como los de la última letra de Veracruz.

De entrada, la idea parece plausible, sobre todo porque, salvo honrosas excepciones, se han convertido en productos chafas propagadores de lugares comunes en un género en franca decadencia. Sin embargo, no es un asunto de lucha contra el mal gusto, sino del ejercicio de una tentación censuradora. Todo bajo la tesis más o menos pazguata de que el pueblo está mentalmente tan jodido que por ver esa clase de historias querría convertirse en narco o en sicario o pozolero; es decir, el problema que llevaría a la gente a entrarle a ese negocio de humanistas no tiene que ver con la falta de oportunidades ni con la proliferación de necesidades en medio de una crisis económica sin fin, sino debido a los procesos de obnubilación, enajenación y apendejamiento wánabe que generan figuras como La reina del sur, El señor de los cielos, ser un sapo en el cártel de los ídems y cosas por el estilo.

Digo, es como asegurar que los espectadores se volvieron matones por ver las películas de los hermanos Almada, o se hicieron porn stars al ver a Silvia Krystel en Emmanuelle, o le entraron al boxeo luego de ver Rocky, o quisieron vomitar luego de ver las películas de Derbez (ah, bueno, eso sí tiene lógica). Habrá casos como los que se aventaron de la azotea pensando que eran oriundos de Kriptón o cruzan el Mordor del Edomex creyendo que es una geografía idílica de la que habló Eruviel Avila en su informe. Eso sí, solo el caso de Morelos es verdadero porque, como dice la propaganda del nada grato de Graco, ahí casi ni hay secuestros ni matazones.

Como quiera que sea, alguien en Gobernación (que no debe de ser Osorio Chong, que es muy moderno y además debe estar muy ocupado escondiéndose de los veracruzanos que quieren un mendrugo del presupuesto) debe creer que El Chapo se hizo capo viendo Los Intocables.

Pero no es censura, es tonsura.

jairo.calixto@milenio.com

www.twitter.com/jairocalixto