Política cero

El cambio climático no existe, son los papás

O sea, está bien que la patria esté llena de gente sensible, naïve, desprovista de maldad, confiada y feliz, sobre todo entre la zoología fantástica que nutre los establos de real politik naconal, pero sí suenan hasta falsos los gritos en el cielo y la caterva de golpes de pecho, no se diga el tumulto de persignados que se han desatado a raíz de algo que no es nuevo: que los jóvenes en México se arrojan a las drogas y los humos del alcohol según la Conadic, que afirma que 2.3 millones de púberes canéforas le jalan las patas al diablo y desayunan caguamas.

Digo, hasta parecen panistas que, mil años después, salieron a excomulgar a la Chapodiputada alegando que nadie les había avisado. Lo mismo dijeron cuando El Chapo se les fue sin pagar. 

Es por eso que el PAN debería tener métodos más científicos, como un detector de gente decente para que no les tomen el pelo y luego no los regañe Margarita y anden dando más vergüenzas que los del Partido Verde, que fueron a salvar Tajamar, de donde  fueron corridos a patadas.

Ahora que quién sabe qué iban a salvar en Tajamar, pues todos sabemos, gracias a los próceres de Fonatur, que los cocodrilos descuartizados, la fauna jodida, los manglares levantados como si estuvieran en Veracruz, son puro mito genial.

El cambio climático no existe, son los papás.

Como quiera que sea, el PAN, para su selección de personal, tendría que hacer algo como lo que hizo el director de la Cineteca Nacional, Alejandro Pelayo: para darle mayor difusión a una película que seguramente no iba a ver casi nadie, Lucifer, filtró a los medios que no se iba a estrenar porque “solo es para gente educada”. Ahora todo México querrá ver el filme para no quedar como triste macuarro. Todo en el estilo de El crimen del padre Amaro. 

Cómo olvidar tantos jesuses en la boca y tanto golpe de pecho, que no son diferentes de los que hoy ejecutan funcionarios, políticos y buenas conciencias en general, al asombrarse tan estentóreamente de los usos y consumos de estados alterados por parte de la juventud mexicana. Digo, si en vez de hacer dramas hubieran generado programas preventivos, educativos, formativos, sensibles, desprovistos de prejuicios, ignorancia, criminalización y atavismos medievales tricolores y calderónicos la cosa no estaría tan gacha.

¡Qué dirá el Santo Padre que vive el Roma! Se va a encontrar un país de mariguanos, con cinco de las ciudades más violentas del mundo y con el décimo lugar en consumo de porno.

Y además con una multitud de canciones cursis y espeluznantes con las que lo habrán de bombardear.

Lo bueno que Eruviel ya dejó Ecatepunk rechinando de limpio, como la Casa Blanca.

 

jairo.calixto@milenio.com

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