Política cero

El ‘aplausómetro’, modo de empleo

La popularidad es algo muy subjetivo y misterioso. Nunca se sabe a ciencia cierta por qué veleidades de la vida alguien goza del cariño de las grandes y en qué momento esa misma persona cae de la gracia del público conocedor.

Pasó con El Piojo Herrera; un día todos le querían poner su departamento de interés sensual, y otro día le estaban dando trato mediático como de líder de la CNTE. Claro que en este caso también hay que incorporar los efectos de la maldición milenaria que le supuso haber tuiteado a favor del Partido Verde. Dicen las malas lenguas que además de todo lo que le ha pasado, parece que también se incluyen siete años sin orgasmo.

Por eso, El Tuca Ferreti dice que preferiría ser barrendero a seleccionador nacional, para que luego de algunos aplausos no terminen por lincharlo. No se trata de ninguna manera de que su estilo de juego es tan emocionante y preciso como la presidencia de Carstens en el Banco de México.

Como quiera que sea, todo esto viene a cuenta por las encuestas que recientemente arrojaron algo absolutamente inexplicable: que el señor licenciado Peña, que de manera magistral y brillante ha llevado las riendas de la patria con resolución y enjundia, se encuentra en los niveles más bajos de popularidad desde los tiempos en que Fox se pasó con las cucharadas de Prozac.

Injusticia total.

Después de los espléndidos resultados de las reformas estructurales, el magnífico manejo de la economía que tiene a los mexicanos en jauja, sin olvidar el estado de tranquilidad que guarda el peso frente a las debilidades del peso, resulta francamente hasta sospechoso que en Los Pinos no se goce del aplauso unánime del graderío.

Lo del amparo al Chapo, los militares acusados de secuestro, el milagro de la reproducción de los pobres, es puro plano anecdótico.

Afortunadamente esto de la política poco o nada tiene que ver con un aplausómetro ni un concurso de popularidad. Por eso Peña Nieto fue a inaugurar el estadio de Rayados en Monterrey para confirmar que esa joya de la arquitectura es un símbolo de la prosperidad en el estado. No importa que El Bronco diga que el góber Medina dejó las arcas de Nuevo León más vacías que el Estadio Azteca luego de la segunda derrota consecutiva del América.

Un día el pueblo sabrá valorar.

jairo.calixto@milenio.com

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