Política cero

¡No "andersten", mis pelotas!

Ya cuando el equipo gringo compuesto por un grupo de reservas y desconocidos te da una lección ejemplar y te humilla en la cancha es como para dejar de hacerle a la mamá campanita. No puede ser que el señor licenciado don Piojo esté más ocupado en comportarse cual mirrey en busca de lobuki, portar look de galán de lonchería y ser el ajonjolí de todos los moles mediáticos (ya en el colmo, el día del polémico y cursi partido México-Brasil saldrá a invitar a la fanaticada a que vaya a votar, algo que sin duda tendrá el efecto contrario), que en darle rumbo y certidumbre a una selección mexicana que comienza a repetir los mismos desgastes y taras que cuando la dirigían El Chepo de la Torre, El Flaco Tena y Vucetich.

Bueno, hasta Landon Donovan y la MLS se burlaron del Tri de manera más fea que cuando el senador Lozano —el gran héroe del proletariado sin cabeza— hiciera mofa gratuitamente del jugador Hérculez Gómez por llevar la Z en el nombre, cual si fuera jubilado de Mexicana de Aviación.

No se vale. Casi me dio tanta pena ajena como cuando ahora que Aristóteles Sandoval, góber de Jalisco, tuvo que sacar a su papá de la administración de las campañas priistas por conflictos de interés.

Y para acabar el oso calamitoso, el técnico, que de por sí ya era la burla de propios y extraños, se peleó con reporteros yanquis en un inglés de la escuela juayderrito y del verbo estructureishon al ritmo de “¡No andersten, mis pelotas!

Mejor les hubiera dicho “Guan bir, amigou” o “El parachute, el parachute” si don Miguel se quería ahorrar lo de la traducción simultánea.

Todo adicionado con un elemento que tendría que ser estudiado por el esoterismo internacional: el síndrome de candidato, de político, de alto funcionario que sufre El Piojo Herrera.

De hecho ya nada más le falta andar en helicóptero, calzarse las botas tribales porque las triviales ya las tiene, bailar reguetón para una campaña, aparecer de invitado especial en Amores con trampa y hacer un video con los del Colegio Cumbres.

De hecho cuando supe lo del giróptero que aterrizó en los jardines de la Casa Blanca, pensé que eran Herrera o Korenfeld o Navarrete que habían llegado a Las Lomas.

A El Piojo le hace falta un baño de pueblo y una lavativa de humildad porque se siente más Bikina que la candidata Pavlovich en Sonora.

 

jairo.calixto@milenio.com

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