Política cero

Whatsthefrecuency, Carmen?

Así titulé hace tres años un texto sobre el conflicto que surgió entre MVS y Carmen Aristegui a raíz de la especie sobre que el entonces presichente Calderón se tropezaba con frecuencia con cáscaras de Bacardí. Escribí en ese momento que para mí era el único rasgo del personaje que lo hacía humano. También dije en esa ocasión que el tema no era de blancos y negros, que estaba lleno de matices y de complejidades que solo podían saber a ciencia cierta las personas involucradas. E insistí en que tanto Carmen, a quien conozco y respeto desde la universidad, como los señores Vargas —que siempre me han tratado con amabilidad y apertura— se sentaran a platicar, a resolver los problemas y a encontrar la salida correcta en el complejo laberinto en que estaban atrapados.

Mientras tanto, entre el resto de quienes tenemos un programa en MVS, lo que queda es aguantar una muy ruda sesión de injurias y excesos que demuestran que los trolles y los linchadores ya no son lo que eran. Y no se me malinterprete, no es que no me guste ser injuriado —no puedo hablar por mis compañeros, pero en lo particular disfruto mucho el linchamiento con furor sadomasoquista—, pero siempre preferiré que la injuria esté bien documentada y desprovista de lugares comunes e histeria, si no qué chiste.

Por alguna extraña razón no se entiende que cualquier imprudencia, un comentario fuera de lugar o falto de sentido común podría incidir para mal en un proceso donde ya de por sí sobra la presión, la histeria y el oportunismo.

Pero hasta el momento la experiencia más kafkapúlquica fue con el director y uno de los actores de la película Güeros, que con tal de promover su engendro poco antes de su estreno hicieron un numerazo estilo Laura Bozzo en la cabina de Charros vs. Gangsters. Alegaron censura cuando lo único que se aplica ahí es la tonsura.

Como quiera que sea, hoy recupero aquella reflexión en espera de que al momento de la publicación de estas líneas, en efecto se hayan dado los espacios propicios para dialogar. Sabemos que no es sencillo dadas las condiciones que se están viviendo, pero a sabiendas de que nadie saldrá realmente beneficiado si ocurre un rompimiento irreversible, es tiempo de que la inteligencia emocional, antes que la víscera, prevalezca.

jairo.calixto@milenio.com

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