Política cero

Ven, masajéame otra vez

A pesar de lo que claramente pudo aprender en los juegos de la Liguilla del panbol mexicano, es decir que los ratoneros no van al cielo, Gustavo Madero decidió no participar en los debates pactados con su contrincante, Mr. Bean Cordero, quedando más en ridículo que América, Pumas y Cruz Azul juntos. Y todo porque, según él, no quería quedar mal con todos los medios que querían entrarle al tema cuando, la verdad, no me imagino el entusiasmo por transmitir algo tan anticlimático como una pelea entre panistas que podrán destrozarse pero que nunca se harán daño.

O sea, si hubiera dicho algo así como que los indígenas que tengan más de tres hijos no recibirán la ayuda de Sedesol, no le habría llovido tanto en su milpita. Y ahora va a tener que hablarle a Sosamonster, el Yoda de la Robles, para que le explique cómo decir: “Es que me mal interpretaron” y que luego salgan a defenderlo los que creen que la verdadera bronca estaría en el tema de la supuesta intención de incidir en la planificación familiar, sino en el tonito, que es lo que jode.

Como sea, se vio mal que Madero no fuera a debatir por temor al qué dirán. Ni modo que lavolpísticamente se le fuera a salir el ya clásico “masajéame más arriba”. O que fuera a apoyar de manera encendida el mandato de Miguel Mancera de homenajear a las jefecitas en su día con ¡Emmanuel y Mijares en el Zócalo! Mejor que el jefe de Gobierno les hubiera regalado planchas y escobas este 10 de mayo. Por mi madre, bohemios, ni que las pobres cabecillas blancas hubieran construido la Línea 12. No se vale.

Así las cosas, don Gustavo, con estas cosas, ya se encuentra a un strike de quedar más solo que Los Chuchos en su fiesta de los 25 años del PRD. Digo, está bien que la máxima de la izquierda sea “somos pocos pero sectarios”, pero al ver el Zócalo con menos aficionados al PRD que al Necaxa, cualquiera diría que se les fueron las fuerzas vivas a Morena, donde hay más emoción fuerte. Por Dios, si hasta el ingeniero Cárdenas, al que no se puede acusar de radical, regañó a la chuchiza por entreguistas, tibios y estar dizque a la moda de las oposiciones dóciles.

Lo peor es que Madero será derrotado ni más ni menos que por un triste emisario del peor calderonismo, que para colmo esgrime preguntas que ni Cuarón hubiera hecho por ratificar su origen dudoso en la emblemática Estafa de luz.

Nada más falta que Madero haga lo que la Lewinsky: dejar la boina y el vestido azul.

jairo.calixto@milenio.com

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