Política cero

Vallejo y la selección española se parecen tanto, que no pueden engañarnos

A Fausto Vallejo, como a la selección de España, no le quedó más remedio que abdicar al trono. Después de haberlo ganado todo (4 veces la presidencia municipal de Morelia y la gubernatura michoacana), su ocaso fue como el de la furia roja por años imbatible, francamente ridículo. Lo que para los ibéricos fue la humillación de dos goleadas en Brasil como final de una cansase supremacía, para el Gollum de Morelia fue su propia llegada al poder de manera dudosa, la negación del imperio templario con vigorosa impunidad, las broncas de salud que hoy le dan una salida dudosamente digna, la reproducción de las autodefensas que tampoco quiso ver, su heredero Jesús Reyna señalado por vínculos con la canalla, amén de ser reducido a nivel de objeto de ornato cuando llegó el virrey Alfredo Castillo.

Pero no se acaban ahí la similitudes, pues tanto Vallejo como el aún campeón viven en la batalla de Lepanto del sospechosismo: la derrota del equipo de Del Bosque no se explica solo por el fin de una generación aún joven, sino merced al extravío del ojo de tigre por las vías del aburguesamiento; el hoy ex góber fue señalado por vínculos con el crímen organizado, cosa que se acrecentó con los selfies de El Gerber, su hijo, con La Tuta.

Y así como España se quiso aferrar en los últimos 45 minutos sin éxito en el juego contra Chile a lo poco que le quedaba de gloria, don Fausto intentó aferrarse al poder infructuosamente con declaraciones que dibujaban a sus críticos como idiotas en una versión política de #LadyPioja, mientras se ponía más genuflexo con Peña Nieto que Falzati. Igual por eso también lo corrieron.

Así como España recibió de regalo arbitral 6 minutos de compensación en la debacle frente a Chile, a Vallejo también le dieron chance unos meses para que demostrara su valía y, como Iker Casillas, nomás no pudo. Así, casi me inclino a pensar que la ex furia se dejó coger por el toro chileno en solidaridad con Vallejo.

Claro que aún así, con todo y todo, Vallejo no es hoy ni con mucho más impopular que el Chema Martínez, el senador yunquista nada leninista que con su lógica kukluxklanesca, gracias a sus ánimos oscuros y oscurantistas, rebasa por la ultraderecha a Serrano Limón y Esteban Arce. A España y a Vallejo los están linchando, mejor que los exorcisen.

jairo.calixto@milenio.com

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